San Paciano
San Paciano, obispo
San Jerónimo elogia a este obispo de Barcelona en su tratado “Sobre los barones ilustres”, dedicado precisamente a su hijo, Dextro, que era “Prӕfectus Prӕtorio”. Del escritor más ilustre de la Barcelona romano-cristiana, se nos ha conservado una “Exhortación a la penitencia”, un sermón “Sobre el bautismo” y tres cartas. En una carta a Semproniano escribía: «Cristiano es mi nombre, y Católico es mi apellido. El primero me señala, el segundo me presenta; el primero me reconoce, el segundo me específica». Paciano (“hombre de paz”) murió en edad avanzada hacia el 390.
► En la catedral de Barcelona tiene un altar en la nave derecha de la sacristía. Su retablo es barroco, del 1688, pintado por Joan Roig (padre). Litúrgicamente San Paciano es memoria libre en el arzobispado de Barcelona, y también en los obispados de Sant Feliu de Llobregat y Terrassa.
► Parroquia de Sant Pacià en el distrito de Sant Andreu (C/ de les Monges 24), desde el 1930.
- Santa Francisca, religiosa, que casada aún adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio, siendo excelente esposa y madre de familia, admirable por su piedad, humildad y paciencia. En tiempos calamitosos distribuyó sus bienes entre los pobres, asistió a los atribulados y, al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de san Benito, en Roma (1440).
- En Sebaste, en Armenia, pasión de los santos cuarenta soldados de Capadocia, que, en tiempo del emperador Licinio, se mostraron compañeros no por razón de sangre, sino por la fe común y la obediencia a la voluntad del Padre celestial. Tras cárceles y crueles tormentos, como pernoctar desnudos al aire libre sobre un estanque helado en el tiempo más frío del invierno, consumaron el martirio con el quebrantamiento de sus piernas (320).
- En Barcelona, en la Hispania Tarraconense, san Paciano, obispo, que, exponiendo su fe, manifestaba que “cristiano” era su nombre y “católico” su apellido (390).
- En el lugar de Rapolla, en la Lucania, san Vital de Castronovo, monje (993).
- En Moravia oriental, san Bruno, obispo de Querfurt y mártir, el cual, cuando acompañaba a Italia al emperador Otón III, movido por la autoridad de san Romualdo abrazó la disciplina monástica, recibiendo el nombre de Bonifacio. Vuelto a Alemania y creado obispo por el papa Juan X, durante una expedición apostólica fue despedazado, junto con dieciocho compañeros, por unos idólatras (1009).
- En Bolonia, en la provincia de la Emilia, santa Catalina, virgen de la Orden de Santa Clara, la cual, notable por sus dotes naturales, fue más ilustre por sus virtudes místicas y por la vida de penitencia y humildad, siendo guía de vírgenes consagradas (1463).
- En Mondonio, en el Piamonte, santo Domingo Savio, que, dulce y jovial desde la infancia, todavía adolescente consumó con paso ligero el camino de la perfección cristiana (1857).
- En la aldea de Nei-Co-Ri, en Corea, santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por administrar el bautismo y publicar libros cristianos, razón por la que fueron entregados al suplicio, manteniéndose tan constantes en la fe que causaron la admiración de sus perseguidores (1866).







