Santa Apolonia, virgen y mártir
Santa Apolonia, virgen y mártir
Durante muchos años Apolonia (de Apolo = “el que da vida”) hizo de diaconisa: entregando la vida atendiendo a los más pobres de la comunidad. Su martirio, ya siendo de edad avanzada, nos lo explica el obispo Dionisio de Alejandría. Hacia el 249, en una revuelta en Alejandría contra los cristianos, los verdugos le rompieron los dientes, y después la amenazaron de quemarla viva sino renunciaba a su fe. Ella, con toda una vida cristiana de servicio, no estaba dispuesta a renunciar a su fe, y se lanzó a la hoguera. Conocía muy bien las palabras de Jesús: «El que pierda la vida por causa mía y del evangelio, la salvará» (Mc 8,35).
► Arzobispado de Barcelona: Muy popular entre nosotros, la tradición barcelonesa la cree hija de Barcelona y religiosa del convento de las Dominicas de Montsió, que daba a la avenida del Portal de l’Àngel, donde ahora hay un gran centro comercial. Pero después de tres noches consecutivas de ver a Jesús cargado con una pesada cruz le preguntó si le podía ayudar a llevarla. La respuesta de Jesús la conmovió: “¿cómo quieres ayudarme a llevar mi cruz, si tú no puedes llevar la tuya”. Y es que antes de entrar en el convento había estado casada con un hombre malgeniado y furioso y lo dejó para hacerse religiosa. Dejado el convento, se presentó en casa y el marido le dio un buen guantazo que le hizo saltar los dientes (por eso es patrona de los dentistas)... Hoy día, probablemente, Cristo cargado con la cruz quizá le habría dado... otro consejo...
- En Alejandría, en Egipto, conmemoración de santa Apolonia, virgen y mártir, la cual, después de haber sufrido muchos y crueles tormentos por parte de los perseguidores, para no verse obligada a proferir palabras impías prefirió entregarse al fuego antes que ceder en su fe (c. 250).
- También en Alejandría, pasión de los numerosos santos mártires que, durante una celebración en la iglesia, fueron asesinados de distintos modos por los arrianos (s. IV).
- En Lemellefa, en África, conmemoración de los santos Primo y Donato, diáconos y mártires, que, por defender el altar de la iglesia, murieron en manos de los herejes (c. 361).
- En una montaña cerca de Apamea, en Siria, san Marón, eremita, muerto después de una vida de áspera penitencia e intensa piedad, fundándose sobre su sepulcro un célebre monasterio, alrededor del cual se originó la nación que lleva su nombre (c. 423).
- En el monasterio de Llandaf, en Cambria, san Teliavo, obispo y abad, cuyos eximios esfuerzos pastorales son recordados por muchas iglesias de Cambria, Cornualles y Armórica (560).
- En Canosa, de la Apulia, san Sabino, obispo, que fue amigo de san Benito y legado de la Sede Romana en Constantinopla, para defender la fe auténtica ante la herejía monofisita (c. 566).
- En el monasterio de Hautmont junto al Sambre, en Hainaut, muerte de san Ansberto, que, después de ser abad de Fontanelle, ocupó la sede episcopal de Rouen y fue desterrado por el príncipe Pipino (c. 695).
- En Baviera, conmemoración de san Alto, abad, el cual, habiendo nacido en Irlanda, fundó en los bosques de esta región el monasterio que después llevó su nombre (s. VIII).
- En Nocera, de la Umbría, san Rainaldo, obispo, que fue monje camaldulense en Fonte Avellana y, una vez designado obispo, mantuvo las costumbres de la vida monástica (1222).
- En Premiá de Mar, cerca de Barcelona, en España, san Miguel (Francisco Luis) Febres Cordero, religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que durante cuarenta años se dedicó a la educación en la ciudad de Cuenca, en Ecuador, y, trasladado a España, se distinguió por la perfecta observancia de la disciplina de la vida religiosa (1910).







