7 DE OCTUBRE

La Virgen del Rosario

Este día del año 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto contra los turcos. La victoria de Occidente fue atribuida al auxilio de la Virgen invocada en la oración del rosario, que enumera la contemplación del lugar de María en la historia de la salvación: «Para escuchar al Señor, es necesario aprender a contemplarlo en el Rosario. Recitando el Avemaría, nos conduce a contemplar los misterios de Jesús, para que, a través de María y José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y acciones» (Francisco). La Virgen del Rosario tiene culto a la nave izquierda de la catedral de Barcelona.

► HISTORIA DE LA FIESTA Y DEL ROSARIO
Siglo V: Cofradías a Oriente por el culto mariano.
Siglo XII: Los monjes no lectores recitan 150 Avemarías / Padrenuestros en lugar de los Salmos.
Siglo XIII: Cofradías en París, Tongres …
1244: Los dominicos promueven el Rosario en las cofradías, documentadas desde el siglo V, que se dirán del Roser (= Cristo).
Siglo XIV: El cartujo Enric agrupa la oración en 15 decenas con el Padrenuestro.
Siglo XV: El cartujo Domingo reduce las Avemarías a 50 con un relato evangélico.
1450: «Rosario de María».
1521: El dominico Albert lo reduce a 15 Misterios.
1569: Pío V, Bula: Misterios Gozo, Dolor, Gloria. Más tarde, la letanía
1570-1620: Proliferación en Cataluña de cofradías.
1571, 7 de octubre: Victoria sobre los turcos en Lepanto. Se atribuye al rezo del Rosario. Pío V instituye la fiesta a la Virgen de la Victoria.
1573: Gregorio XIII dedica el día a la Virgen del Rosario.
1716: Clemente XI extiende fiesta a toda la Iglesia.
1913: Pío X fija la fecha del 7 de octubre.
2002: El Papa Juan Pablo II añade los Misterios de la Luz.

► «Esta celebración mariana del Rosario siempre me transporta a mi infancia: los atardeceres en que rezábamos el Rosario en familia. Una oración familiar que acababa con las letanías, expresión del amor a Dios y a María. La magnitud del amor que muchos sentimos hacia la Virgen es tan grande que no basta con una sola frase para poder describirlo. Por ello, la expresamos con una serie de alabanzas» Mons. Omella, (07/10/2020).