6 DE NOVIEMBRE

San Severo, obispo y mártir

En el siglo XI un obispo llamado Severo era venerado como mártir en Barcelona. Y en el primer tercio del siglo VII un obispo llamado también Severo rigió la iglesia de Barcelona durante unos dieciséis años. Según una tradición barcelonesa, san Severo habría dado la vida al Castrum Octavianum, una pequeña población romana cercana a Barcelona (el actual Sant Cugat del Vallès). Parece que le habrían atravesado la cabeza con una llave larguísima. Y el hecho habría ocurrido el día 6 de noviembre.

El día 3 de agosto de 1405, con la correspondiente autorización del papa Benedicto XIII, el rey Martí l’Humà trasladó solemnemente algunas de las reliquias a la catedral de Barcelona. Durante la guerra del Francés desaparecen las reliquias de la catedral y en 1835 las que quedaban en Sant Cugat. Las reliquias sí que desaparecen, pero su memoria, no: al menos desde el siglo XV san Severo es patrón secundario del obispado de Barcelona. Estatua en la nave izquierda de la catedral e iglesia en la calle de su nombre, saliendo del claustro.

También celebramos la fiesta de los santos Pere Poveda Castroverde e Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros y compañeros, mártires

Esta memoria obligatoria, propia de las diócesis de España, se originó como celebración común de todos los cientos de mártires, santos y beatos, de la persecución religiosa de los años treinta del siglo XX (1934 y 1936-1937). Los mártires son «una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división» (Juan Pablo II).

Pedro Poveda Castroverde nació en Linares (Jaén) en 1874 y fue ordenado presbítero en 1897 en Guadix. Promovió escuelas en los barrios de cuevas de la ciudad, y más adelante inició la labor de creación de academias para la formación cristiana del profesorado y Centros Pedagógicos que cristalizaron en la Institución Teresiana (1911).