Virgen de la Consolación
Virgen de la Consolación
Esta advocación nació durante la Edad Media, animada por los religiosos agustinos, los cuales desde el siglo XIII rezan a la Virgen de la Consolación la ‘coronilla’: como un rosario inspirado en los 13 artículos del credo. La advocación invita a mirar a María como auxilio, socorro, refugio, fortaleza, consuelo de los que sufren. Para reforzarla, en la tradición agustiniana leemos que la misma Virgen se apareció a santa Mónica, madre de san Agustín, su fundador, para consolarla por su hijo descarriado. La imagen se encuentra de pie, coronada de estrellas, con el hijo en brazos y alargando la correa a sus devotos, para que la agarren, bien fuerte, como signo de salvación.
Archidiócesis de Barcelona: En el convento de los agustinos de Barcelona, primero en el Convento Viejo -cerca de la calle del Rec (con curtidurías de los pelaires)- y después en el del Raval, la advocación era muy importante, también con el nombre de la Virgen de la Correa: las madres traían a los niños rebeldes y de mal genio para hacerlos más dóciles. Rezaban la novena y ponían en la cintura de los niños una correa, que vendían en la propia iglesia. María, consuelo, consuelo, consuelo...
- Memoria de san Moisés, profeta, a quien Dios eligió para liberar al pueblo oprimido en Egipto y conducirlo a la tierra de promisión. También se le reveló en el monte Sinaí, diciéndole: «Yo soy el que soy», y le propuso la ley para regir la vida del pueblo elegido. Murió lleno de días en el monte Nebo, en tierra de Moab, a las puertas de la tierra de promisión.
- En Chalons-sur-Saône, en la Galia Lugdunense, san Marcelo, mártir (s. III-IV).
- En Roma, en el cementerio de Máximo, en vía Salaria Nueva, sepultura de san Bonifacio I, papa, que trabajó para solucionar muchas controversias sobre disciplina eclesiástica (422).
- En Chartres, de Neustria, san Caletrico, obispo (ante 573).
- En Herzfeld, de Sajonia, santa Ida, viuda del duque Ecberto, insigne por su asidua oración y caridad para con los pobres (825).
- En Mende, de Aquitania, san Fredaldo, obispo y mártir (c. s. IX).
- En Colonia, de la Lotaringia, santa Irmgarda, condesa de Süchteln, que utilizó sus bienes en la construcción de iglesias (c. 1089).
- En Palermo, de Sicilia, santa Rosalía, virgen, de quien se dice que practicó la vida solitaria en el monte Pellegrino (s. XII).
- En Carmagnoles, del Piamonte, en Italia, beata Catalina Mattei, virgen, religiosa de las Hermanas de Penitencia de Santo Domingo, que, viviendo con una salud muy precaria, soportó con admirable caridad y abundancia de virtudes las calumnias humanas y todo tipo de tentaciones (1547).
- En el mar frente a Rochefort, en el litoral norte de Francia, beato Escipión Jerónimo Brigéat de Lambert, presbítero y mártir, que, siendo canónigo de la diócesis de Avranches, durante la Revolución Francesa fue encerrado en una nave anclada por su condición de sacerdote, muriendo de inanición (1794).
- En Sillery, ciudad de la provincia de Quebec, en Canadá, beata María de Santa Cecilia Romana (Dina) Bellanger, virgen, de la Congregación de Religiosas de Jesús y María, que entregada y confiando sólo en el Señor, durante no pocos años soportó una grave enfermedad (1929).
- En Oropesa, en el Levante de Castellón, beato José Pascual Carda Saporta, presbítero de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y mártir, que sufrió gloriosamente el martirio por odio a la religión durante la contienda española, en la cruel persecución religiosa contra la Iglesia (1936).
- En Teulada, cerca de la ciudad de Alicante, beato Francisco Sendra Ivars, presbítero y mártir, martirizado por la fe en la misma persecución religiosa (1936).
- Cerca de la localidad de Genovés, provincia de Valencia, beato Bernardo (José) Leda Grau, religioso de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos y mártir glorioso por Cristo en la misma contienda española (1936).







