4 DE SEPTIEMBRE

Virgen de la Consolación

Esta advocación nació, como tantas, durante la Edad Media, y la propagaron los religiosos agustinos, que desde el siglo XIII rezan a la Virgen de la Consolación la ‘coronilla’: como un rosario basado en los 13 artículos del credo. La advocación invita a mirar a María como auxilio, socorro, refugio, consuelo, fortaleza de los que sufren… en lo que creemos. Para reforzarla, la tradición agustiniana hizo que la misma Virgen se apareciera a santa Mónica, madre de San Agustín, su fundador, para consolarla por su hijo descarriado. La imagen está derecha, coronada de estrellas, con el hijo en brazos y alargando la correa a sus devotos, para que lo cojan, bien fuerte, como signo de salvación.

En el convento de los agustinos de Barcelona, ​​primero en el Convento Viejo -cerca de la calle del Rec (con curtidurías los peleteros) – y luego al del Raval, la advocación estaba muy arraigada, también con el nombre de la Virgen de la Correa: las madres llevaban los niños reacios y de mal genio para hacerlos más dóciles. Hacían la novena y ponían a la cintura de los niños una correa, que venían a la propia iglesia.

También celebramos la fiesta de la Virgen de la Cinta (Tortosa)

Si aún le quedaba algún atributo a la Virgen que vela por sus hijos, aquí tenemos el de la Cinta, en el Obispado de Tortosa. La historia nos habla de la valentía de las mujeres de Tortosa en la defensa de la ciudad en tiempos del conde Ramon Berenguer IV (1148). La tradición nos habla de la entrega que hace la Virgen el 1178 -en agradecimiento a estas mujeres- de una cinta a un canónigo como signo de protección, especialmente para las mujeres embarazadas. Es patrona de la ciudad de Tortosa.