San Juan de Capestrano, sacerdote
San Juan de Capestrano, presbítero
Nacido en Capestrano (Italia) en el 1386, recorrió Europa trabajando para la reforma y la reunificación de su orden franciscano (lleva hábito marrón), predicando infatigablemente, confesando, pacificando pueblos, promoviendo hospitales. Organizó misiones contra las herejías (lleva una bandera con la sigla IHS), y predicó la cruzada contra los turcos que amenazaban Belgrado (lo vemos con un otomano o una luna creciente). Murió en Ilok, Croacia, en 1456.
Dedicación de la Catedral de La Seu d’Urgell.
Después de la incursión árabe del 839, que incendió la ciudad de Urgell, se edificaron tres iglesias dedicadas a santa María, a san Pedro y a san Miguel, con funciones de catedral. Renovadas por el obispo Ermengol, la de Santa María fue consagrada el día 23 de octubre de 1040 por su sucesor, el obispo Eriball. En 1116 san Odón empezó la construcción de la actual sede románica. La catedral, donde hay la ‘cátedra’ del obispo, sede de la predicación de la palabra evangélica, es la iglesia madre de totas las otras iglesias de la diócesis.
- San Juan de Capistrano, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que luchó en favor de la disciplina regular, estuvo al servicio de la fe y costumbres católicas en casi toda Europa, y con sus exhortaciones y plegarias sustentó el fervor del pueblo fiel, defendiendo también la libertad de los cristianos. En la localidad de Ujlak, junto al Danubio, en el reino de Hungría, descansó en el Señor (1456).
- Cerca de Gades (hoy Cádiz), en la provincia hispánica de Bética, santos Servando y Germán, mártires en la persecución bajo el emperador Diocleciano (s. IV).
- En Antioquía, de Siria, san Teodoreto, presbítero y mártir, que, según narra la tradición, fue apresado por Julián el Apóstata, regente de Oriente y, por persistir en la confesión de la fe cristiana, fue martirizado (c. 362).
- En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de san Severino, obispo, digno de alabanza por sus virtudes (c. 400).
- En Pavía, de la provincia de Liguria, conmemoración de san Severino Boecio, mártir, insigne por su ciencia y sus escritos, que estando encarcelado compuso un tratado sobre la consolación de la filosofía y sirvió a Dios con fidelidad hasta la muerte que le infligió el rey Teodorico (524).
- En Siracusa, ciudad de Sicilia, san Juan, obispo, de quien el papa san Gregorio I Magno alabó las costumbres, la justicia, la sabiduría, el modo de aconsejar y el cuidado de los bienes de la Iglesia (c. 609).
- En Rouen, de Neustria, san Román, obispo, que abatió los símbolos de los paganos que eran aún venerados en su ciudad, convenció a los buenos a mejorar y a los malos a abandonar su modo de actuar (c. 644).
- En la región de Herbauge, cerca de Poitiers, en Aquitania, de la Galia, san Benito, presbítero (ante s. IX).
- En Constantinopla, san Ignacio, obispo, que, por haber reprendido al césar Bardas por el repudio de su legítima esposa, fue objeto de injurias y desterrado. Restituido a su sede por intervención del papa san Nicolás I, descansó en la paz del Señor (877).
- En Rumsey, en Inglaterra, santa Etelfleda, que, aún adolescente, se consagró al Señor en el monasterio fundado por su padre Etelwodo y, elegida abadesa, lo gobernó durante largos años hasta su muerte (s. X).
- En Campugliano, de la Toscana, san Alucio, pacífico hacedor de bien hacia los pobres y peregrinos y liberador de cautivos (1134).
- En Mantua, ciudad de la Lombardía, beato Juan Bono, eremita, que, siendo joven, abandonó a su madre y vagó por diversas partes de Italia, haciendo de malabarista y comediante. A los cuarenta años, con motivo de una enfermedad, prometió a Dios abandonar el mundo para darse a Cristo y a la Iglesia en el amor y la penitencia, fundando una congregación a la que dio la Regla de san Agustín (1249).
- En Milán, también de la Lombardía, beato Juan Ángel Porro, presbítero de la Orden de los Siervos de María, que, siendo prior del convento, todos los días festivos estaba en la puerta de la iglesia o recorría las calles, para reunir a los niños y enseñarles la doctrina cristiana (1505).
- En York, en Inglaterra, beato Tomás Thwing, presbítero y mártir, que, acusado falsamente de conspiración, por orden del rey Carlos II fue ahorcado y descuartizado, alcanzando así la palma del martirio (1680).
- En Valenciennes, en Francia, beatas María Clotilde Ángela de San Francisco de Borgia (Clotilde Josefa) Paillot y sus cinco compañeras [1], vírgenes y mártires, que durante la Revolución Francesa, por estar consagradas a Dios fueron condenadas a muerte y, en presencia del pueblo subieron al patíbulo serenamente (1794).
- En la ciudad de Tho-Duc, en Annam, san Pablo Tong Viet Buong, mártir, que, siendo soldado, sufrió la muerte por Cristo en tiempo del emperador Minh Mang (1833).
- En Reims, en Francia, beato Arnoldo (Julián Nicolás) Rèche, hermano del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que, dócil a la acción del Espíritu Santo, se entregó por completo a la formación de los jóvenes en su condición de maestro, mostrándose asiduo a la oración (1890).
- En Ciudad Real, en España, beatos mártires Ildefonso García y Justiniano Cuesta, presbíteros, y Eufrasio de Celis, Honorino Carracedo, Tomás Cuartero y José María Cuartero, religiosos, de la Congregación de la Pasión, que, por Cristo y por la Iglesia, fueron fusilados durante la persecución religiosa (1936).
- En la localidad de El Saler, cerca de Valencia, beato Leonardo Olivera Buera, presbítero y mártir, que durante la misma persecución religiosa imitó la pasión de Cristo, mereciendo alcanzar el premio eterno (1936).
- En la aldea de Benimaclet, en la región valenciana, beatos Ambrosio León (Pedro) Lorente Vicente, Florencio Martín (Álvaro) Ibáñez Lázaro y Honorato (Andrés) Zorraquino Herrero, religiosos del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y mártires, que durante la misma persecución derramaron su sangre por Cristo (1936).







