2 DE NOVIEMBRE

Conmemoración de todos los fieles difuntos

Por obra de san Odilón, abad de Cluny a finales del primer milenio, se esparce por todo el mundo una conmemoración por los difuntos al día siguiente de Todos los Santos. La fiesta de hoy es una profesión de fe en la resurrección de Jesús y de todos los que creen en él, porque «reciban estancia en el lugar del consuelo, de la luz y de la paz». Recordar todos los fieles difuntos nos recuerda que todos estamos salvados en Cristo y que así como Él resucitó, también todos resucitaremos con él.

►HISTÒRIA DE LA CONMEMORACIÓN

Siglo II aC: «En efecto, si no hubiera esperado que los caídos en la batalla un día resucitarían, habría sido superfluo y ridículo de orar por los difuntos» (2mA 12,44). La práctica de orar por los difuntos, ya en el Antiguo Testamento, la Iglesia la ha mantenido siempre, profesando la fe en la resurrección de Jesús y de todos los que creen en él, porque «reciban estancia en el lugar del consuelo, de la luz y de la paz «(Plegaria Eucarística).
Siglo IV: Ya San Agustín (354-430) alaba la costumbre de orar por los difuntos, incluso fuera de los cumpleaños, precisamente para no olvidar a aquellos que no gozan de sufragios.
Siglo VII: Los monjes dedican un día a orar por los difuntos.
Siglo VIII: Amalari de Metz (780-850), ya habla de una memoria por los difuntos, sucesiva a la de los santos.
Siglo IX: La costumbre se extiende a toda la Iglesia.
998: El abad Odilón prescribe a todos los monasterios sometidos a la abadía de Cluny esta conmemoración qui ab initio mundi fuerunt usque in finem ( «de todos los que han existido desde el comienzo del mundo hasta el fin»). Señala como fecha litúrgica, al día siguiente de Todos los Santos (2 de noviembre).
Siglo XIV: Finalmente la Iglesia de Roma la admite.
Siglo XV: Los dominicos de Valencia celebran tres misas (como por Navidad) para satisfacer la demanda de tantos sufragios.
1915: Con ocasión de la Primera Locura Mundial (los muertos se acumulan), el papa Benedicto XV permite que cada sacerdote pueda celebrar tres misas por los difuntos, con prefacio propio tomándolo del misal parisiense (de 1738) y poniéndola como a fiesta de primera clase, pero por debajo del domingo.
1969: Se celebra como «Conmemoración», con textos reformados en sentido explícitamente pascual (renunciando a la secuencia del Dies Irae).