San Ponciano, papa y San Hipólito, presbítero, mártires
San Ponciano, papa y San Hipólito, presbítero, mártires
Papa y antipapa respectivamente, tuvieron tiempo de reconciliarse al encontrarse juntos en las minas de Cerdeña exiliados por el emperador Maximino, donde murieron (235) a causa de los maltratos recibidos: «Padre, concede a este vuestro siervo servidor que haga pacer vuestro santo rebaño; que siempre haga propicio vuestro rostro; que distribuya los cargos de acuerdo con vuestro precepto» (Tradición Apostólica).
- Santos mártires Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, que fueron deportados juntos a Cerdeña, y con igual condena, adornados, al parecer, con la misma corona, fueron trasladados finalmente a Roma, Hipólito, al cementerio de la vía Tiburtina, y el papa Ponciano, al cementerio de Calisto (c. 236).
- En Foro Cornelio (hoy Imola), en la provincia de Flaminia, san Casiano, mártir, que, habiéndose negado a adorar a los ídolos, fue entregado a manos de niños, a los que enseñaba como maestro, para que le torturaran con sus punzones hasta la muerte y así resultara tanto más duro el dolor de su martirio, cuanto más débiles eran las manos que le torturaban (c. 300).
- En Lyon, de la Galia, san Antíoco, obispo, que, cuando todavía era sólo presbítero, fue a visitar a su obispo san Justo, que moraba por entonces en el desierto de Egipto (c. 500).
- En Poitiers, de Aquitania, santa Radegunda, reina de los francos. Cuando todavía vivía su esposo, el rey Clotario, recibió el velo sagrado de religiosa, y en el monasterio de la Santa Cruz de Poitiers, que ella había mandado construir, sirvió a Cristo bajo la Regla de san Cesáreo de Arlés (587).
- En la fortaleza de Schemaris, en la ribera del Hippi, en las montañas del Cáucaso, muerte de san Máximo el Confesor, abad de Crisópolis, cerca de Constantinopla, célebre por su doctrina y su celo por la verdad católica. Habiendo luchado con valentía contra los monoteletas, el emperador herético Constante le cortó la mano derecha y, después de una dura prisión y crueldades de todo tipo, lo desterró en compañía de dos discípulos, llamados Anastasio ambos, a la región de Lazica, en donde entregó su alma a Dios (662).
- En Fritzlar, en Hesse, de Austrasia, san Vigberto, presbítero y abad, al que san Bonifacio encomendó el cuidado del monasterio del lugar (c. 739).
- En el monasterio de Altenberg, en la región de Wetzlar, en Alemania, beata Gertrudis, abadesa de la Orden Premostratense, que, siendo todavía una niña, fue ofrecida a Dios por su madre santa Isabel, reina de Hungría, en este lugar (1297).
- En Killmollock, de Irlanda, beatos Patricio O’Healy, obispo de Meath, y Connon O’Rourke, presbítero, mártires, ambos de la Orden de los Hermanos Menores, que por su condición de sacerdotes, puesta de manifiesto públicamente, fueron condenados a muerte y ejecutados en el patíbulo (1579).
- En Warwick, en Inglaterra, beato Guillermo Freeman, presbítero y mártir, que, condenado a muerte durante el reinado de Isabel I tan solo por el hecho de ser sacerdote, frente al patíbulo entonó el himno Te Deum y, con ánimo decidido, se adelantó al lugar del martirio (1595).
- En Roma, san Juan Berchmans, religioso de la Compañía de Jesús, que, amadísimo por todos por su sincera piedad, caridad auténtica y alegría constante, murió alegre después de una breve enfermedad (1621).
- En Viena, en Austria, beato Marcos de Aviano (Carlos Domingo) Cristofori, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Sapiente predicador de la palabra de Dios, se interesó de modo extraordinario por los pobres y enfermos, y suscitó en los poderosos la voluntad de actuar según la fe y la paz por encima de todo (1699).
- En el brazo de mar que se extiende frente a la costa de Rochefort, en Francia, beato Pedro Gabilhaud, presbítero y mártir, que, por ser sacerdote, fue retenido durante la Revolución Francesa en una nave convertida en cárcel, donde murió consumido por el hambre y la enfermedad (1794).
- En el lugar de Sangues, cerca de Annecy, en Francia, san Benildo (Pedro) Romançon, del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que dedicó su vida a la formación de los jóvenes (1862).
- En Barbastro, cerca de Huesca, beatos Secundino María Ortega García, presbítero, y diecinueve compañeros [1], mártires. Eran religiosos de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María y, en el furor de la persecución contra la Iglesia, sufrieron la muerte por el odio contra la vida consagrada (1936). A instancia del Superior General de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos reagrupó la memoria de todos los religiosos claretianos martirizados para celebrarla el 1 de febrero, aniversario del atentado de Holguín (Cuba, 1856) que sufrió San Antonio María Claret, su fundador.
- En la población de Almazora, cerca de Castellón, beato Juan Agramunt, presbítero de la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, mártir durante la persecución contra la fe (1936).
- En Berlín, en el lugar llamado Plötzensee, en Alemania, beato Jacobo Gapp, presbítero de la Compañía de María y mártir, que, con firmeza de ánimo, proclamó que los criminales proyectos de un régimen militar enemigo de la dignidad humana y cristiana estaban en total desacuerdo con la doctrina cristiana. Por ello, sometido a persecución, se dirigió a Francia y España en calidad de desterrado, pero, apresado por unos emisarios, murió finalmente decapitado (1943).
- Cerca de la aldea de Albocásser, en el territorio de Castellón, beato Modesto García Martí, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que en la persecución contra la fe evangélica completó con el martirio su plan de vida (1936).
- En Barcelona, beato José Bonet Nadal, presbítero de la Sociedad Salesiana y mártir, que durante la persecución contra la Iglesia consumó su combate por la fe (1936).







