1 DE FEBRERO

Santa Brígida de Kildare, abadesa

A diferencia de otros lugares del norte de Europa, Irlanda se cristianizó en pocos años y de una manera muy profunda. En la isla celta, la nueva fe tomó unas características peculiares y muy pronto dio personalidades monásticas de gran relevancia, como santa Brígida de Irlanda (c. 450-525).

Hija ilegítima de un rey, la niñez y la juventud de Brígida estuvieron marcadas por una fe profunda, en buena parte gracias a las prédicas de San Patricio. La joven se consagró completamente a Dios y durante la pronunciación de los votos, san Patricio (o un discípulo suyo), que presidía la ceremonia, se equivocó y utilizó la fórmula de la ordenación sacerdotal, lo que se interpretó como una señal divina que la chica estaba destinada a grandes cosas.

Comenzó viviendo retirada en una celda bajo un roble (esto quiere decir Kildare) y pronto atrajo otras compañeras. Brígida fundó numerosos monasterios por toda Irlanda, y monasterios mixtos o dobles, formados por monjes y monjas. Este modelo, poco conocido en el resto de la cristiandad occidental, en Irlanda tuvo buena acogida y estuvo vigente durante siglos. Brígida fue muy querida por el pueblo y desde que murió fue venerada como santa.