Carta dominical | «Un testimonio de amor y esperanza»

El pasado 30 de noviembre, la Santa Sede rindió un sentido homenaje a Etty Hillesum con motivo del 80 aniversario de su fallecimiento. El papa Benedicto XVI, en su última catequesis pronunciada el 13 de febrero de 2013, también se refirió al testimonio de esta mujer, un testimonio conmovedor. ¿Quién era Etty Hillesum?

Estamos ante un testimonio de una joven que, en medio de las terribles tempestades de su vida, supo acoger la llama de la esperanza y convertirse, tal como ella decía, en un bálsamo que aliviase las heridas de los más vulnerables.

Etty Hillesum fue una joven judía holandesa que nació a principios del siglo pasado. Era una mujer sensible y de gran cultura. Durante su vida sufrió momentos de gran fragilidad psicológica. Contó con la ayuda de un famoso terapeuta, Julius Spier, que la introdujo en la lectura de la Biblia y las obras de san Agustín. A partir de entonces, Etty inició un profundo itinerario espiritual.

En medio de sus crisis interiores, encuentra a Dios en lo más profundo de su corazón. Nos lo describe con estas bellas palabras: «Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y Dios está en ese pozo. A menudo, las piedras y la arena ciegan el pozo y Dios queda enterrado. Es necesario desenterrarlo de nuevo». También nosotros podemos descubrir a Dios en lo más hondo de nosotros mismos. Él siempre está a nuestro lado y nos espera con los brazos abiertos, pero fácilmente dejamos que las preocupaciones y distracciones nos oculten su presencia.

La joven holandesa descubre que Dios ha echado raíces en su interior. Esto la llena de esperanza y le da una fuerza inmensa para sobrellevar todas las adversidades. El testimonio de Etty nos enseña que vale la pena vivir a pesar de las dificultades que encontramos a lo largo del camino.

Durante su itinerario, Etty tiene la oportunidad de conocer algunos textos de la Sagrada Escritura. Al leerlos siente como si brotara de su interior un manantial que permanecía oculto. Ojalá nosotros también encontremos en la Palabra de Dios la fuente que puede saciar nuestros anhelos más profundos.

Lo más hermoso del testimonio de esta joven es que no guarda para sí la riqueza de lo que ha descubierto. Quiere compartir con sus hermanos más vulnerables todo lo que ha recibido de Dios. Deja escrito en su diario que, pese a que tuvo la posibilidad de escaparse del campo de concentración, prefirió quedarse. Se quedó para aliviar la desesperación de los que iban a ser deportados a los campos de exterminio. Y lo hacía con un abrazo, una sonrisa o sencillamente sentándose a su lado. Su vida termina trágicamente cuando, con tan solo veintinueve años, muere en el campo de concentración de Auschwitz.

Queridos hermanos y hermanas, el testimonio de Etty Hillesum nos llena de esperanza. Su existencia, corta pero intensa, nos recuerda que, a pesar de nuestro pasado, siempre estamos a tiempo de abrirnos a Dios. Siempre podemos iniciar un camino que nos vaya transformando, hasta el punto de entregar nuestra vida por nuestros hermanos, para no dejarlos solos y sin esperanza.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.