
«El proyecto de Dios: cosa de todos»
La Pentecés es una de las grandes celebraciones del año litúrgico. Cincuenta días después de Pascua, celebramos la venida del Espíritu Santo. Los apóstoles lo recibieron cuando estaban reunidos. Aquel momento no…
Hace tiempo leí una narración de los Padres del desierto. Era un precioso relato que podemos aplicar a nuestra vida de cristianos y a nuestro itinerario cuaresmal. «Un monje preguntó a otro monje más anciano: ¿por qué será que muchos abandonan la vida monástica? El monje más anciano le respondió: En la vida monástica sucede […]
Hace tiempo leí una narración de los Padres del desierto. Era un precioso relato que podemos aplicar a nuestra vida de cristianos y a nuestro itinerario cuaresmal.
«Un monje preguntó a otro monje más anciano: ¿por qué será que muchos abandonan la vida monástica? El monje más anciano le respondió: En la vida monástica sucede lo mismo que a un perro que persigue a una liebre; la persigue y, en esa carrera, grita y ladra; se le unen muchos otros y todos corren juntos pero, en un cierto momento, todos aquellos que no ven la liebre se cansan y, uno detrás de otro, desisten; sólo los que la ven siguen hasta el final».
Solamente quien ha puesto los ojos en la persona de Cristo crucificado puede perseverar hasta el final. Esta es la gran conversión, el gran cambio al que nos llama la Cuaresma. No dejemos para el futuro la conversión a la que nos llama Jesucristo: «Convertíos y creed en el Evangelio.» (Mc 1,15). Ser cristiano es seguir a Cristo sin desfallecer, sin cansarse y hasta el final. Pero esto supone:
Ojalá sepamos unir y entrelazar los tres pilares que sostienen la vida cristiana, que sostienen el tiempo de gracia que es la Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna. «La oración llama, el ayuno intercede y la limosna recibe. Oración, limosna y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno es el alma de la oración y la limosna es la vida del ayuno» (San Pedro Crisólogo, Sermón 43).
Avancemos sin desfallecer hacia la Pascua. El Señor nos espera para hacer en nosotros, en la Iglesia, grandes maravillas. «Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis» (Is 43,18). El amor sin medida de Dios, que mana sin cesar de la Cruz gloriosa, rehace el mundo, cura toda herida, nos restaura siempre.
† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.