Carta dominical | «Tener a Dios como jefe»

Emociona pensar que, en un mundo donde muchas veces nos juzgan no por lo que somos sino por lo que tenemos, haya gente dispuesta a renunciar a todo tipo de bienes materiales. Emociona pensar que, en un mundo donde casi siempre se encumbra y se ensalza la racionalidad como respuesta a todo, haya gente que […]

23 Ene, 2020
Església de Barcelona

Emociona pensar que, en un mundo donde muchas veces nos juzgan no por lo que somos sino por lo que tenemos, haya gente dispuesta a renunciar a todo tipo de bienes materiales. Emociona pensar que, en un mundo donde casi siempre se encumbra y se ensalza la racionalidad como respuesta a todo, haya gente que elija seguir el dictado de su corazón. Emociona pensar que, en un mundo donde se busca la gratificación instantánea, haya gente dispuesta a renunciar a muchas cosas para vivir intensamente su relación con Dios. En definitiva, emociona pensar que, en un mundo donde muchas personas solo creen en lo que ven y en lo que tocan, haya gente capaz de dar la propia vida por unas creencias. Sí, hay personas que consagran su vida a Dios.

Todos esos hombres y mujeres han sido llamados por Dios. ¿Existe mayor honor? Por eso se sienten inmensamente afortunados. Son conscientes de que han recibido un regalo extraordinario. Van a dedicar su existencia a conocerle y a amarle. Van a vivir la historia de amor más apasionante jamás contada.

La vida consagrada comienza en el momento en que dan el «sí, quiero». Sí, quieren entregarse totalmente a Él. Sí, quieren anunciar su palabra bien alto. Sí, quieren querer hasta el infinito. Quieren ayudar a los más desfavorecidos, a los más pobres, a los que nadie quiere. Quieren ser discípulos de Cristo y seguirlo hasta los confines de la tierra. Y, además, tienen la inmensa fortuna de que Dios sea su jefe.

Dedicarse a la vida consagrada no se puede hacer a medias. La mayoría invierte casi las 24 horas del día, 365 días al año. A veces, tienen que multiplicarse por cuatro para llegar a todo. Sin embargo, la alegría casi siempre se refleja en su rostro a pesar del cansancio,  de la falta de recursos y de las pocas horas de sueño.

Los consagrados no cambiarían su vida por nada del mundo. Saben que Dios siempre estará a su lado y que les espera la eternidad junto a Él. Aman con locura a Dios. Están apasionados por Él, por su sabiduría y grandeza, por su infinita bondad. Y quieren dar a conocer el mensaje de Cristo y compartir ese amor que les ha sido dado.

«La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente» es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el próximo domingo 2 de febrero y que a nivel diocesano conmemoraremos el sábado día 1, a las 11.30 h, con una Eucaristía en la catedral de Barcelona. Encontrarnos los diferentes carismas suscitados por el Espíritu Santo en bien del pueblo de Dios hace visible la comunión y la necesaria complementariedad entre todos. La Delegación Episcopal para la Vida Consagrada de la archidiócesis de Barcelona, juntamente con la Unión de Religiosos de Catalunya, nos invita a unirnos a esta celebración.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

Te interesará…

Síguenos

Facebook
Santa Úrsula i les santes verges😇Santa Úrsula i les santes verges Santa Úrsula (‘ossa petita’) i les santes d’avui van arribar a ser suprimides del Santoral, però, degut al seu culte molt tradicional, encara avui les conserva. Possiblement, la tradició vol fer d’elles un homenatge a la virginitat femenina. La tradició del segle V ens informa que el pare de la princesa bretona Úrsula la volia casar amb el príncep pagà d’Armòrica (l’actual Bretanya). Ella, que ja havia consagrat la seva virginitat, s’hi volia negar, però això suposava la guerra. Per guanyar temps va posar unes condicions: un termini de tres anys, que es reunissin deu comparses de mil donzelles cada una (d’aquí les «11.000 verges»?) i que el príncep es bategés. A la tornada d’un complicat viatge a Roma pel Rin, l’Úrsula i les companyes van ser martiritzades a Colònia pels huns d’Àtila. En una inscripció llatina a la catedral de Colònia hi consta: «XI. M. V.», que es pot llegir com «11 màrtirs verges», i no «11 milers de verges». Al MNAC es conserva el quadre d’en Joan Reixach (segle XV): «El retaule de les onze mil verges». «Les verges... segueixen l’Anyell arreu on va» (Ap 14,4).🗣«Quan trona pel mes d’octubre, neu segura», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Santa Teresa de Jesús, verge i doctora de l'Església😇🙏Teresa de Cepeda y Ahumada neix a Àvila el 28 de març de 1515, de família ‘hidalga’. Sa mare, Beatriz, es casà molt jove amb don Alonso, vidu del seu primer matrimoni i amb un avi toledà judaïtzant, Juan Sánchez. Van tenir tres filles i nou fills. Tot i que va entrar de carmelita als 20 anys, no fou fins als 40 que experimentà una profunda conversió després de trobar-se amb una imatge de “Crist molt llagat”. La nit de la seva mort, el 4 d'octubre de 1582, es va aplicar la reforma gregoriana del calendari i es van suprimir 11 dies.🗣«Per Santa Teresa, planta l’ametlla», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Preguem ben units pel papa Lleó XIV🙏. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Mare de Déu del Pilar😇Una tradició molt ar­rela­da a l'Aragó vol fer ar­ribar l'origen del santuari de l'antiga Cesaraugusta (Saragossa) als inicis matei­xos del cristianis­me (Maria s'hauria aparegut a l'apòstol sant Jaume, damunt d'un pilar). Però és a par­tir de l'època moder­na que el Pilar es­devé un gran san­tuari marià de la Península Ibèrica, amb una ir­ra­di­ació vers l'A­mèrica Llatina (ja que els nadius de les actuals Bahames ‘descobreixen’ Colom i els seus el 1492). Maria, símbol de la fortalesa en la fe, la seguretat de l'esperança i la constància en la caritat.«Si bones faves vols sembrar, fes-ho per la Mare de Déu del Pilar», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Vatican Media

Agenda

Evangelio del día

Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

(Lc 13,1-9)