Carta dominical | «¿Por qué…?»

¿Por qué Dios permite esta pandemia? Es la pregunta que me formulaba una mujer profundamente conmovida ante la situación crítica de su esposo ingresado en una UCI. En ese momento, me limité a tratar de consolarla y a ofrecerle mi oración por su esposo y por ella e invitarla a dejarse acompañar por Santa María, […]

07 May, 2020
Església de Barcelona

¿Por qué Dios permite esta pandemia? Es la pregunta que me formulaba una mujer profundamente conmovida ante la situación crítica de su esposo ingresado en una UCI. En ese momento, me limité a tratar de consolarla y a ofrecerle mi oración por su esposo y por ella e invitarla a dejarse acompañar por Santa María, nuestra Madre, que acompañó a Jesús durante su vida y, también, durante los momentos más duros de su pasión y muerte en la Cruz.

Esa pregunta me persiguió durante los días siguientes. Fue entonces cuando acudí a la sabiduría de nuestra santa madre Iglesia. El magisterio establece una distinción entre el mal físico y el mal moral. El primero deriva de la naturaleza —va desde los cataclismos hasta las enfermedades y la muerte— y el segundo es aquel que los hombres provocamos con nuestra conducta: guerras, opresión, etc. Mientras el mal físico es una consecuencia de la finitud de la creación y de nuestro cuerpo, el mal moral es una consecuencia del abuso que hacemos de la libertad.

Sobre el origen de esta pandemia hay muchas teorías diversas que dificultan la clasificación de este mal. En cualquier caso, el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que «Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas» (CIC 312). Aunque esta afirmación pueda ser difícil de comprender ante una situación como la que estamos viviendo, también es cierto que, a veces, en situaciones muy cotidianas de desdicha, decimos: «no hay mal que por bien no venga».

Los santos siempre aportan mucha luz. Así, decía santo Tomás Moro: «Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor». O san Agustín, que afirmaba: «Dios todopoderoso […] por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal; si Él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal». Tales afirmaciones quedan corroboradas con el testimonio de Jesucristo que, aceptando el sufrimiento extremo de su pasión y muerte, obtuvo la resurrección y la redención de toda la humanidad.

Poco a poco, la pregunta sobre por qué Dios permite esto ha ido derivando en una nueva reflexión: «Señor Jesús, ¿qué nos quieres decir en este momento de la historia? ¿Qué esperas de nosotros? ¿Qué bien vas a sacar de este mal?»

Dios quiere nuestra salvación eterna. El camino no es otro que convertirnos y vivir según el Evangelio. Dios nos está invitando a volver a Él, a regalarle nuevamente el centro de nuestra vida, y a salir de nosotros mismos para poner nuestra atención sobre los otros, especialmente los más frágiles.

Esta crisis global nos sitúa a todos en el mismo nivel. La enfermedad nos ha igualado. Todos somos ciudadanos del mundo, todos somos vulnerables. Este mal global puede convertirse, paradójicamente, en el acicate que hermane a toda la humanidad.

Ojalá que sepamos salir de nosotros mismos para abrirnos más a Dios y a los hermanos. Dios, nuestro Padre, nos ayuda a sacar un bien del mal, pero necesita de nuestra colaboración. Dios nos invita a mirarle con más confianza y a mirar a los otros como hermanos con los que debemos caminar en caridad, justicia y fraternidad.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

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