Carta dominical | «Orar para aprender a amar»

Durante el tiempo litúrgico de Cuaresma, la Iglesia nos propone intensificar nuestra oración. Nos llama a hacer un hueco en nuestra vida cotidiana para encontrarnos con Jesús y contagiarnos de sus palabras y de sus acciones. A veces nos puede parecer que rezar es muy difícil o incluso podemos dejar de orar porque lo hemos […]

05 Mar, 2020
Església de Barcelona

Durante el tiempo litúrgico de Cuaresma, la Iglesia nos propone intensificar nuestra oración. Nos llama a hacer un hueco en nuestra vida cotidiana para encontrarnos con Jesús y contagiarnos de sus palabras y de sus acciones.

A veces nos puede parecer que rezar es muy difícil o incluso podemos dejar de orar porque lo hemos intentado a menudo y vemos que no produce fruto alguno. Dice san Pablo que no sabemos orar como conviene. Sin embargo, si se lo pedimos a Cristo, el mismo Espíritu de Dios vendrá a ayudarnos (cf. Rom 8,26).

Si dejamos que nos ayude, nos daremos cuenta de que rezar es el respirar del alma. Es acercarnos a Dios de una manera sencilla y espontánea, como hacemos cuando estamos con alguien que sabemos que nos quiere.

Busquemos un lugar tranquilo donde encontrarnos con el Señor y no tengamos miedo de abrirle nuestro corazón, aunque a veces nos sintamos confusos y perdidos. Nos puede ayudar la lectura de la Biblia. Toda la Escritura es palabra viva de Dios que transforma nuestra existencia. Es una luz que ilumina nuestros pasos.

Cuando nos abandonamos a Dios en el silencio, dejamos que Él entre en nosotros y cambie nuestra vida. Si oramos con fidelidad, algo nuevo y bueno se irá construyendo en nuestro interior. Cuando oramos, nuestro corazón se evangeliza y se llena de los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia y dominio de sí (cf. Ga 5,22).

¡Qué bueno sería si pudiéramos reservarnos quince minutos cada día para encontrarnos con Él! Entonces, poco a poco, nuestra existencia se iría llenando de una alegría tan grande que nos ayudaría a vivir con más esperanza. Lo dice san Juan de la Cruz con estas bellas palabras: «Con esta buena esperanza que de arriba les venía, el tedio de sus trabajos más leve se les hacía» (Romance, 5).

No obstante, el encuentro con Dios en la oración no puede quedarse en un asunto entre Dios y uno mismo. La oración cristiana es medicina para nuestro corazón, pero como nos recuerda el papa Francisco en Gaudete et Exsultate, «la oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor» (GE 104).

La práctica asidua de la oración nos irá configurando más a Cristo. Poco a poco nuestros sentimientos se parecerán cada vez más a los de Jesús, a los de las bienaventuranzas. Así, «el mejor modo de discernir si nuestro camino de oración es auténtico será mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia» (GE 105). Este amor se prolongará en todo el cosmos, ya que la oración es camino de comunión con todos y con todo.

Queridos amigos y amigas, Dios siempre tiene tiempo para nosotros. Ojalá en estos días de Cuaresma tengamos tiempo para estar con Él y dejar que toque nuestro corazón.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

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