Carta dominical | «María, nuestra madre»

Este lunes, solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia celebra que la Virgen, después de haber seguido a Cristo con fidelidad durante toda su vida, entró en la casa del Padre. Esta festividad nos recuerda que también nosotros, algún día, viviremos en plena comunión con Dios eternamente. Y es que, como dice el papa […]

11 Ago, 2022
Església de Barcelona

Este lunes, solemnidad de la Asunción de María, la Iglesia celebra que la Virgen, después de haber seguido a Cristo con fidelidad durante toda su vida, entró en la casa del Padre. Esta festividad nos recuerda que también nosotros, algún día, viviremos en plena comunión con Dios eternamente. Y es que, como dice el papa Francisco, en el umbral del cielo hay una madre que nos espera (cf. Angelus, 15 de agosto de 2019).

El evangelista Lucas nos dice que María, después de haber creído en la promesa del Señor de que iba a dar a luz a Jesús, atravesó las montañas de Judea para ayudar a su prima Isabel, la cual también estaba embarazada. Cuando Dios se presenta en nuestra vida y dejamos que entre en nuestro interior, nuestra vida cambia por completo. El amor de Dios hace que, como María, superemos montañas de dificultades y nos pongamos al servicio de los demás.

Cuando Isabel ve que María entra en su casa, se pregunta quién es ella para recibir a la madre del Señor (cf. Lc 1,43). Isabel se siente pequeña ante Dios. Su actitud nos enseña a acoger a Dios con humildad y confianza, a poner en sus manos todos nuestros problemas. Nos lo dice bellamente la Sagrada Escritura: «Descarga tu preocupación en el Señor y él te sostendrá» (Sal 54,23).

En toda la escena María e Isabel están llenas de alegría. Mientras hablan, el niño que Isabel lleva en sus entrañas salta de alegría en su interior. Al final de la conversación, Isabel le dice a María: Feliz tú que has creído (cf. Lc 1,45). María nos enseña que nosotros también seremos felices si, pese a nuestras incoherencias, creemos en Jesús desde el fondo de nuestro corazón. Conocer a Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida.

Después de esta escena, el evangelista Lucas nos muestra a María elevando a Dios una oración de gran belleza. Es el Magnificat. El Magnificat es el canto que reza la Iglesia cada día en la liturgia de las vísperas. Es una oración de gran realismo. En ella se reconoce que en el mundo hay situaciones injustas, con opresores y oprimidos. Sin embargo, la Virgen no pierde la esperanza y sigue confiando en Dios. En esta oración, María aparece como una verdadera madre, que camina y lucha con nosotros. Como dice el papa Francisco, María es un signo de esperanza para los pueblos que sufren injusticias (cf. Evangelii gaudium 286).

Queridos hermanos y hermanas, María creyó en el Señor, lo acogió, le fue fiel y le sirvió con alegría. Que ella nos enseñe a acoger con delicadeza al Señor que se acerca a nosotros de múltiples maneras en nuestro día a día y, de manera particular, en todos los crucificados de nuestro mundo. Sepamos, como ella, decirle «sí» a Dios con fe y esperanza.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

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