Carta dominical | «María de Cervelló, la primera mercedaria»

El próximo viernes 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, la Iglesia católica celebra con gozo la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, con el lema «La vida consagrada, encuentro con el amor de Dios». Quisiera aprovechar esta glosa dominical para tratar de explicar brevemente cuáles son algunos de los […]

25 Ene, 2018
Església de Barcelona

El próximo viernes 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, la Iglesia católica celebra con gozo la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, con el lema «La vida consagrada, encuentro con el amor de Dios». Quisiera aprovechar esta glosa dominical para tratar de explicar brevemente cuáles son algunos de los rasgos particulares que diferencian la vida consagrada de la del resto de los cristianos.

Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo recibimos el regalo de ser hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y templos vivos del Espíritu Santo. Sin embargo, hay algunas personas bautizadas como nosotros que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Jesucristo. Las personas que asumen libremente esta llamada a la vida consagrada viven los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia por amor al reino de los cielos. Se llaman consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo y son una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración más íntima a Dios, motivada siempre por dar más gloria a Dios. El consagrado ha tenido un encuentro particular con Jesús que lo ha invitado a darle todo a Él, a consagrarse a Él, y por Él, con Él y en Él a toda la humanidad.

No podemos dejar de dar las gracias a Dios por seguir llamando a muchas personas a este camino de la vida consagrada y por el testimonio de tantos hombres y mujeres que viven con radicalidad su consagración. Por este motivo, el viernes 2 de febrero celebraremos en la Catedral de Barcelona, a las siete de la tarde, una Eucaristía para agradecer a Dios el don de la vida consagrada y para orar por todos los consagrados y las consagradas de nuestra diócesis. Invito a todo el que pueda participar en esta celebración tan preciosa.

Como este año celebramos también el octavo centenario de la fundación de la Orden de la Merced, quisiera tener unas palabras de recuerdo para santa María de Cervelló, a quien podemos llamar con justicia «la primera mercedaria».

De familia noble, María de Cervelló nació en Barcelona en 1230 y fue bautizada en la parroquia de Santa María del Mar. Era muy agraciada y los historiadores nos dicen que, en su juventud, no le faltaron pretendientes, pero ella, educada en la fe, decidió consagrarse al Señor. Y el camino que encontró fue vincularse a la naciente Orden de la Merced.

En 1260, a la muerte de su padre, Guillem de Cervelló, después de vender el palacio de la familia, se trasladó con su madre, María, a una modesta casa de la calle Ample, al lado de la iglesia de la Mercè, y desde allí fue el alma femenina de la Orden mercedaria. Al morir su madre, en 1265, dio todos sus bienes para favorecer el rescate de los cristianos cautivos.

En el capítulo general que la Orden celebró en Tarragona en 1260, se accedió a la petición de María de Cervelló de instituir la rama femenina de la Orden. En 1261 se fundó el primer monasterio de monjas mercedarias con Eulalia de Pinós, Isabel de Bertí y la misma María de Cervelló. Ayudaban a los pobres y los redimidos por los mercedarios que llegaban al puerto de Barcelona.

El pueblo la llamó María del Socorro, o dels Socós, y fue venerada ya en vida. Fue especialmente venerada e invocada por los mercedarios en sus viajes hacia África, porque la tenían como abogada ante los peligros de las tormentas y de la presencia de piratas. Santa María de Cervelló es, pues, un testimonio de lo que es la vida consagrada, de su radicalidad y de sus frutos, a menudo en medio de muchas dificultades y pruebas. Santa María de Cervelló intercede por todos los hombres y las mujeres de vida consagrada que viven en nuestra diócesis.

Con motivo de la jornada del 2 de febrero, deseo expresar una palabra de reconocimiento y también de ánimo a todos los religiosos y religiosas porque a través de sus obras y de su testimonio son un gran factor de concordia y de cohesión social. En mis últimas cartas dominicales he insistido en la concordia como un objetivo prioritario de este momento. Los religiosos y religiosas trabajáis, en ámbitos sociales muy diversos, para hacer realidad en nuestra tierra lo que dijo el Concilio Vaticano II, que el seguimiento radical de Cristo en la vida religiosa «suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena» (LG 40). Queridos religiosos, gracias por vuestro trabajo y por vuestro testimonio.

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Pie de foto: Imagen en gres de Santa María de Cervelló de Chema Dapena y Alfredo R. Vázquez (parroquia de Santa María de Cervelló, en Madrid)

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

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