Carta dominical | «La llama de la esperanza»

Hemos iniciado noviembre, un mes que se abre con dos celebraciones que para los cristianos van siempre muy unidas: la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de todos los fieles difuntos. Por un lado, en Todos los Santos, el 1 de noviembre, recordamos a todas las personas que han pasado por la vida […]

31 Oct, 2024
Església de Barcelona

Hemos iniciado noviembre, un mes que se abre con dos celebraciones que para los cristianos van siempre muy unidas: la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de todos los fieles difuntos.

Por un lado, en Todos los Santos, el 1 de noviembre, recordamos a todas las personas que han pasado por la vida haciendo el bien, amando y dando la vida como Jesús. Son los santos y las santas, los conocidos y los desconocidos. Son los amigos de Dios, personas auténticas que han vivido el mensaje de las bienaventuranzas. Sus nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 20,12). Ellos son un estímulo para seguir con alegría las huellas de Jesús.

Por otro lado, el 2 de noviembre, día de los fieles difuntos, rezamos por todos aquellos que nos han dejado y que han finalizado su camino aquí en la tierra. Los recordamos con cariño, los llevamos en el corazón. Por eso, rezamos a Dios Padre misericordioso, por intercesión de santa María y de todos los santos, para que puedan gozar ya de la vida eterna en el cielo. También les pedimos que velen por nosotros.

En estos días también hay dos importantes eventos dentro de la Iglesia: la clausura de la segunda sesión del Sínodo de los obispos sobre la sinodalidad y, en la próxima Navidad, la apertura del Jubileo de 2025, que el papa Francisco ha querido centrar en la virtud teologal de la esperanza, con el lema «Peregrinos de esperanza».

La esperanza cristiana es muy necesaria en el mundo de hoy. Unidos a Dios, podemos mantener viva la llama de la esperanza con la Palabra de Dios. Digamos al Padre con fe: «En ti, Señor, me refugio; no me falles. Yo mantendré siempre la esperanza y te alabaré más y más.» (cf. Salmo 70).

Cuando caminamos con Cristo, la luz y el consuelo de la esperanza viven en nosotros mientras avanzamos por los senderos de la vida. Por eso, rogamos a Jesús como lo hicieron los discípulos de Emaús: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída» (Lc 24,29). En el ocaso de la vida, la muerte está mucho más presente; como en estos días, cuando recordamos y rezamos por los ausentes y lo celebramos siguiendo las tradiciones de nuestros antepasados.

La globalización ha propiciado que muchas celebraciones y tradiciones de otros lugares llegaran a nosotros. En estas fechas, en las que vamos al cementerio, rezamos por los difuntos, celebramos la «castañada» y comemos panellets, la celebración de Halloween («víspera de Todos los Santos») también se ha hecho un lugar. Esta tradición, probablemente celta, no tiene mucho que ver con la fe cristiana, pero se ha extendido considerablemente. Se ha convertido en una especie de desfile en el que la muerte es la protagonista y donde abundan los disfraces de personajes terroríficos.

Nosotros, los cristianos, no miramos la muerte con miedo, sino con esperanza, rezamos por los difuntos y los dejamos en la paz de Dios, para que puedan llegar al gozo pleno del cielo. En este sentido, agradezco la iniciativa de muchos cristianos que, ante la expansión de la oscura celebración de Halloween, proponen celebrar la fiesta de Holywins («la santidad vence»), una fiesta en la que los protagonistas son los santos y donde se invita a las familias, particularmente a los niños, a disfrazarse de santos y darlos a conocer. Es necesario que presentemos con alegría la luz de nuestra esperanza.

Queridos hermanos y hermanas, vivamos el verdadero sentido de las celebraciones con las que iniciamos el mes de noviembre, tan arraigadas en nuestra historia y cultura, y llenas de esperanza cristiana.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

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