Carta dominical | «La Candelaria y la luz de la fe»

El próximo día 2 de febrero, cuarenta días después del nacimiento de Jesús, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor, conocida popularmente como la fiesta de la Candelaria por la procesión con candelas, con las que se simboliza a Cristo como «luz de las naciones». Es una fiesta antigua y originaria de la Iglesia de Jerusalén, en la que conmemoramos aquel hecho que narra el Evangelio según san Lucas (Lc 2,22-40). María y José con el niño Jesús acuden al templo para cumplir los preceptos de la Ley de Moisés sobre la purificación de las madres y la presentación de los hijos primogénitos al Señor.

En el templo tuvo lugar el encuentro con dos personas consagradas al servicio de Dios: la profetisa Ana, que hablaba de aquel niño a todos los que esperaban el Mesías, y el anciano Simeón, que proclamó que ese Niño era la luz para todos los pueblos. Movidos por el Espíritu Santo, vinieron al templo los santos ancianos Simeón y Ana. Iluminados por el mismo Espíritu reconocieron al Señor con alegría. Nosotros, como san Simeón y santa Ana, movidos por el Espíritu Santo, vamos a la casa de Dios al encuentro de Cristo. Allí lo encontraremos y lo reconoceremos cuando partimos el pan eucarístico, en espera de su retorno glorioso.

En la liturgia de esta fiesta pedimos a Dios, que es la fuente y el origen de toda luz, que nos ayude a reconocer a Jesús. Él es la luz revelada a las naciones, Él es la lámpara que ilumina nuestros pasos para seguir el camino del bien. Por eso os invito a hacer vuestra una oración bellísima del Card. John-Henry Newman (1801-1890) titulada Condúceme, Luz Amable, que empieza así: «Condúceme, Luz Amable, a través de la envolvente penumbra, ¡Llévame, Tú, hacia delante! La noche es oscura y estoy lejos de mi hogar. ¡Llévame, Tú, hacia delante! ¡Guía mis pasos! No pido ver el lejano paisaje, un solo paso me basta».

Con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que este año tiene como lema: «La vida consagrada, caminando en esperanza». Con este lema quiere ponerse de relieve la labor de tantos hermanos y hermanas nuestros, que desde su vida entregada a Dios caminan con nosotros. Ellos, con entrega y amor a Dios, muestran en el mundo la esperanza y la belleza del Evangelio.

Quisiera acabar con una palabra de agradecimiento dirigida a todos los consagrados y consagradas de nuestra archidiócesis. Os agradezco de todo corazón vuestra fiel consagración a Dios. Gracias por renovarla día a día, gracias por mostrar el rostro amoroso de Jesucristo con vuestra radicalidad evangélica. Ojalá podamos encontrarnos para participar todos juntos en la celebración de la Eucaristía que, si Dios quiere, celebraremos el próximo jueves 2 de febrero en nuestra catedral, a las 19.15 horas. Nos reuniremos movidos por el Espíritu para dar gracias a Dios y rezar por vosotros.

† Cardenal Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.