Carta dominical | «Conductores responsables»

Las carreteras y las autopistas se llenan de coches durante los meses de verano con motivo de las vacaciones. Eso puede comportar también un aumento de accidentes. Sería deseable que todos condujéramos con solidaridad y prudencia, respetando las normas de tráfico. Todos tenemos un deber cívico y moral hacia los demás que no debemos olvidar […]

29 Jun, 2017
Església de Barcelona

Las carreteras y las autopistas se llenan de coches durante los meses de verano con motivo de las vacaciones. Eso puede comportar también un aumento de accidentes. Sería deseable que todos condujéramos con solidaridad y prudencia, respetando las normas de tráfico. Todos tenemos un deber cívico y moral hacia los demás que no debemos olvidar nunca. Esta es la finalidad de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que promueve la Iglesia católica el primer domingo del mes de julio, en la proximidad de la fiesta de San Cristóbal, patrón de los conductores, que se celebra el 10 de julio.

“Loado seas, Señor, también por los medios de transporte”. Este es el lema de este año que invita a bendecir y alabar al Dios de la creación por toda la belleza que nos regala, por la oportunidad que nos brinda de contemplarla y por el don de la vida.

La vida y la salud son bienes preciosos que Dios nos ha confiado. Los tenemos que preservar para el bien común. El Catecismo de la Iglesia Católica, cuando habla del respeto a la vida corporal, afirma que “los que en estado de embriaguez o por gusto inmoderado de la velocidad ponen en peligro la seguridad de los demás y la propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables”.

Es evidente que cuando conducimos un vehículo no lo hacemos en medio del desierto, aislados completamente de los otros. Lo hacemos por las autopistas y carreteras, que compartimos con muchas otras personas. Esto hace que no seamos sólo responsables de nuestra vida, sino también de la vida de los demás, y tanto la nuestra como la del prójimo no son nuestras, sino de Dios. Por ello, conducir bien es sinónimo de solidaridad. Es un deber de justicia y de amor.

Lamentablemente, la mayoría de accidentes de circulación se deben a errores humanos: manipulación del móvil, velocidad excesiva, adelantamientos temerarios o indebidos, falta de respeto a las señales de tráfico, consumo de alcohol, etc. No hay duda que conducir mal, imprudentemente, en malas condiciones físicas, es una acción grave contra nuestro deber de respetar la vida.

Os invito a todos y me invito a mí mismo a tomar consciencia de este deber tan importante que tenemos. Nos debemos ayudar y obligar los unos a los otros a conducir con la máxima prudencia. Una conducción responsable es un acto de amor a Dios, a nosotros y a los hermanos, porque protegemos la vida, la nuestra y la de los demás.

Es bueno que invoquemos la protección de san Cristóbal, patrón y protector de los automovilistas, pero a la vez tenemos que ser conductores responsables y prudentes. Hacer camino con Jesús nos lleva a aceptar a los otros como hermanos. Por esta razón, cuando nos ponemos al volante, tenemos que respetar y tratar a los demás como queremos que nos respeten y traten a nosotros.

+Juan José Omella
Cardenal arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del arzobispo metropolitano de Barcelona.

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