Mahatma Gandhi: el legado de la no violencia y la fuerza del alma

 

«El hombre en su esencia no tiene que ser esclavo, ni de sí mismo ni de los otros, sino un amante. Su único fin es el amor». Rabindranath Tagore, poeta bengalí, filósofo indio y autor de estas palabras, captó la esencia de Ghandi: Mahatma, alma grande en sánscrito, es el sobrenombre con el que lo honoró.

La trascendencia de Mohandas Karamchand Gandhi (Porbandar, 2 de octubre de 1869 – Nueva Delhi, 30 de enero de 1948) en los ámbitos político e internacional es conocida por su liderazgo en el Movimiento de independencia de India contra el Raj británico, a través de la práctica de la desobediencia civil no violenta.

Desde entonces, su eco ha seguido vigente, como recordamos cada 2 de octubre con la celebración del Día Internacional de la No-Violencia, así proclamado por la Organización de las Naciones Unidas en su memoria desde el año 2007.

Mahatma Ghandi, que definió la no-violencia como la mayor fuerza a disposición de la humanidad, tuvo una influencia política excepcional y su trayectoria estuvo guiada por su fortaleza espiritual, sobre la que queremos hacer unas pinceladas en este texto.

Su pensamiento se apoyó en el binomio de su base religiosa y la acción social, básicamente era un hombre religioso que fue político por necesidad.

Para afrontar los problemas de su país, Ghandi se alejó de la propaganda y del discurso grandilocuente, propios de políticos profesionales. Su aspecto no era el de un líder tradicional. Vestía de manera sencilla, a menudo descalzo, pero su baja estatura y su cuerpo pequeño no eran ningún freno para un líder la fuerza del cual residía en el poder de su espíritu.

Su figura no se imponía, tampoco su voz, que no levantaba, sino su expresión capaz de transmitir paciencia y amor. No odiaba ningún pueblo, nación, religión ni tampoco el capitalismo, a pesar de su vida de asceta. Se alimentaba de arroz y frutas, bebía leche y agua y dormía en el suelo de su Ashram, en Sabarmati.

Era así, un hombre que supeditaba su vertiente material a la espiritual, consiguió mover un país mediante factores espirituales que prevalecieron sobre los materiales, dirigidos por ideales religiosos. El fin del movimiento era el Swarâj, la autonomía de India, y la manera de obtenerla eran las fuerzas del alma, que en palabras de Gandhi «son las armas propias de India; estas armas son el amor, el poder de la verdad y el Satyágraha», este último un concepto que Gandhi inventó, definiéndolo cómo «atenerse a la verdad y a la justicia».

Gandhi rehusaba la colaboración con un Estado que promulgaba leyes injustas y deshonrosas y a la vez rehusaba la violencia, que estaba totalmente prohibida a sus seguidores. La regla de conducta era la verdad, no se tenía que mentir, ni por el bien del país.

Si el adversario atacaba, la respuesta de Gandhi para responder a la agresión era la Ahimsā, la no-violencia, que era infinitamente superior a la violencia, como oposición de la fuerza del alma contra la voluntad del tirano. Para Gandhi, el perdón era más poderoso que la venganza.

La no-violencia no implicaba pasividad, ni sumisión y llevaba implícito el sacrificio, como gran ley de la vida. El sacrificio que Gandhi hizo a menudo fueron los ayunos, entendidos por él como un rito religioso. La primera vez que lo practicó fue en 1913, cuando vivía en Suráfrica y lideraba una pequeña comunidad llamada Tolstói Farm. Enfrente de una falta grave que cometieron dos de los miembros del grupo, Gandhi como responsable del mismo se infligió una penitencia que consistió en un riguroso ayuno, como herramienta para purificar el alma de quien lo practica y su entorno. Consiguió el resultado que buscaba con el arrepentimiento de los que cometieron las faltas, aun matizando en su autobiografía que esta forma de persuasión solo era efectiva cuando había un vínculo profundo entre maestro y discípulo.

El pensamiento religioso de Gandhi se empezó a forjar desde su etapa juvenil. Él se declaraba visnuita de nacimiento, pero siempre mantuvo su interés por los movimientos religiosos y éticos, el hinduismo, el jainismo, el budismo, el Islam, el cristianismo. Dos autores lo conmocionaron: Thoreau, autor de Civil Disobedience, que reveló por primera vez a Gandhi la filosofía de la no-violencia y Tolstói, especialmente, El reino de Dios está en vosotros, donde las reflexiones del pensador ruso sobre «El sermón de la montaña» calaron en Gandhi, que manifestó en numerosas ocasiones su fascinación por Jesús de Nazaret.

Las convicciones de Gandhi procedían de una experiencia espiritual vivida, de practicar siempre lo que predicó, hasta el 30 de enero de 1948, cuando se dirigía a rezar para pedir la unión espiritual de su pueblo y un fanático hindú le disparó una bala que acabó con su vida. Sus últimas palabras fueron Hey Ram, «Oh Señor».

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Dpl. Mònica Santín

FORMACIÓN
  • Máster de Patrimonio cultural en la Facultad Antoni Gaudí
  • Diploma de Patrimonio Cultural en la Facultad de Filosofía de la Universitat Ramon Llull
  • Guía oficial de Catalunya especializada en patrimonio cultural religioso
ACTIVIDAD DOCENTE Y PROFESIONAL
  • Miembro del grupo de investigación sobre Antoni Gaudí, coordinado por Rosa Ribas
  • Colaboradora en actividades formativas organizadas por el Ateneu Universitari Sant Pacià

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