La experiencia de morir en las tradiciones religiosas

 

Durante los meses de enero y febrero de 2018, la Fundación Migra Studium y el Centro de Estudios Cristianisme i Justícia organizaron un curso y una jornada de conclusión sobre la muerte en las diferentes tradiciones religiosas. Se trataba de abordar el acto de morir desde diferentes aproximaciones, distintas, pero compartiendo espacio en la misma sociedad. Un contexto como el nuestro -lo sabemos por experiencia- extremadamente frágil, en el que se hace patente el derrumbe de las instituciones y la confianza en ellas depositada. Una sociedad que, quizás como reacción, practica la exhibición de un ego previamente construido y en permanente reconstrucción, -sano, atractivo, exitoso…-, que luce en los escaparates de las huidizas redes. Un mundo que, planteadas así las cosas, rehúye todo lo que recuerde la verdad de la condición humana: revestida de fragilidad y de hondas cuestiones sin respuesta.

La diversidad como regalo

Cuando somos capaces de acoger, como un regalo, los interrogantes de los otros, vehiculados por las diversas maneras de percibir el mundo, entonces, nuestras preguntas pueden ser sostenidas… Y así, de este modo, sin dejar de mantener nuestras cuestiones, abrimos la puerta a las que son elaboradas desde otros imaginarios y prácticas. Interrogarse sobre la vida y el morir en clave de diversidad cultural y religiosa provoca, inevitablemente, un cruce que permite delimitar espacios comunes y extraños.

Frontera, espacio abierto

Ante el hecho religioso y la muerte descubrimos, por ejemplo, la importancia que se da transversalmente a la despedida comunitaria, en la que intervienen los símbolos, la ayuda -también comunitaria- durante el tiempo del luto, el espacio de reposo de que dispone el cadáver antes de gestionar la despedida, o la cura del cuerpo del difunto. La comunidad judía, por ejemplo, gestiona un apoyo comunitario de ayuda a la familia en luto que nos recuerda el acompañamiento familiar y velatorio del difunto que se hace en algunas comunidades cristianas. Por otro lado, la creencia en lo que pasa más allá de la muerte nos conduce a la diversidad religiosa. La creencia en la resurrección o en la reencarnación son maneras diversas de afrontar esta realidad. Ambas conectan con expresiones –incineración, entierro- que están vehiculadas gracias a símbolos y gestos concretos. De la tierra venimos y a la tierra volvemos, una imagen compartida por las religiones monoteístas. Por otro lado, incinerar un cuerpo puede querer decir purificar el alma, favoreciendo así su reencarnación.

Diálogo

El diálogo intercultural e interreligioso nos ayuda a reflexionar sobre lo que puede aportar al conjunto de la sociedad –fuertemente secularizada- la experiencia diversa del morir. Podríamos pensar en la gestión comunitaria del dolor, en la humanización de este proceso o en la conexión con la capacidad simbólica innata a todo ser humano. Más específicamente, y entre religiones, aproximarse a la diversidad puede ayudar, no solo a conectar con el universo del otro, sino también a consolidar el propio.

¿Te ha gustado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Dra. Alícia Guidonet Riera

Antropóloga. Actualmente, alumna de la licenciatura en Ciencias Religiosas de lo ISCREB. Trabaja a la Fundación Migra Studium, entidad social de la Compañía de Jesús, coordinando el proyecto educativo Espacio Interreligioso. Ha participado en la edición del libro Morir en manos de Dios. La muerte en las diferentes creencias y tradiciones religiosas, Cristianismo y Justicia, colección Estudios, 19.

Programas formativos relacionados con este artículo: