El sábado 17 de octubre, de 12 h a 13:30 h, tuvo lugar la primera sesión del curso de formación «La mochila del catequista: su vocación y espiritualidad», en la sede del Secretariat Diocesà de Catequesi, en la calle Villarroel, 81, de Barcelona. El encuentro, a cargo de Mn. Alberto Para, dio comienzo a un itinerario de ocho sesiones destinado a profundizar en la vocación de los catequistas y en la importancia de cuidar su vida espiritual.
La vida espiritual, esencial para la misión del catequista
La primera sesión, titulada «La mochila del catequista», invitó a los participantes a detenerse y reflexionar sobre su propia experiencia como catequistas. El punto de partida fue la convicción de que, para acompañar a los demás en el camino de la fe, también es necesario cuidar la relación personal con Dios. En este sentido, la formación tomó como referencia la Guía para los catequistas, que destaca la necesidad de una espiritualidad profunda que ayude al catequista a renovar continuamente su identidad y a vivir con coherencia la misión que ha recibido.
Mn. Alberto Para introdujo el concepto de espiritualidad como la manera en que cada persona vive su relación con Dios. Esta experiencia es única en cada uno, porque está marcada por la propia historia, la formación recibida, las circunstancias personales y el momento vital. Por eso, crecer espiritualmente implica conocerse mejor, reconocer el propio recorrido de fe y descubrir cómo Dios está presente en la vida cotidiana.
Una vocación que a menudo comienza con una invitación
Uno de los aspectos centrales de la sesión fue la manera en que nace la vocación de catequista. A menudo, esta llamada no llega a través de una experiencia extraordinaria, sino mediante una invitación concreta: una conversación, una llamada o un mensaje de un sacerdote, de una coordinadora de catequesis o de otro catequista.
A partir de esta experiencia compartida, se puso de manifiesto que el camino de muchos catequistas comienza sin sentirse del todo preparados. Con el tiempo, sin embargo, el servicio puede convertirse en una experiencia profunda de fe, en la que la persona descubre la alegría de dar testimonio de Cristo resucitado y de transmitir la Buena Nueva.
Así, la vocación de catequista no se reduce a una tarea que hay que llevar a cabo, sino que es una llamada eclesial que se va descubriendo y madurando a lo largo del tiempo. La formación quiere ayudar a tomar conciencia de esta llamada y a vivirla con mayor profundidad.
La metáfora de la mochila: prepararse para el camino
El curso toma como referencia el libro La mochila del catequista. Lo indispensable para el camino espiritual, de Joe Paprocki y Julianne Stanz, y se fundamenta también en documentos de la Iglesia sobre la vocación, la identidad y la espiritualidad del catequista.
La imagen de la mochila sirve para explicar que la vida cristiana y el servicio catequético son un camino que hay que preparar y recorrer con atención. Al igual que una persona que emprende una excursión debe pensar qué necesita llevar, el catequista también ha de discernir qué elementos le ayudan a avanzar en la fe, afrontar las dificultades y mantenerse fiel a su misión.
En este sentido, la sesión propuso una reflexión sobre la manera de vivir el camino de la vida: no se trata simplemente de acumular experiencias, sino de dejar que aquello que vivimos nos transforme. Aplicado a la catequesis, esto significa no limitarse a cumplir unas sesiones o transmitir unos contenidos, sino vivir personalmente aquello que se anuncia y dejar que la propia experiencia de fe dé sentido al servicio.
Compartir la experiencia para crecer juntos
La parte práctica del encuentro consistió en un trabajo personal y en pequeños grupos, con preguntas que ayudaron a los participantes a repasar su itinerario como catequistas: quién les había invitado a asumir esta misión, si se habían sentido preparados entonces y si se sienten preparados en la actualidad, y qué dificultades habían encontrado a lo largo del camino.
La reflexión también abordó dos cuestiones fundamentales: si cada uno vive el hecho de ser catequista como una vocación eclesial querida por Dios y qué elementos considera imprescindibles para ser un buen catequista hoy. La puesta en común permitió compartir experiencias y descubrir inquietudes, aprendizajes y retos que forman parte del servicio catequético.
Esta dinámica puso de relieve la importancia de caminar juntos, reconocer el valor de la experiencia de cada uno y continuar aprendiendo unos de otros.
Un itinerario para cuidar la vocación
Esta primera sesión abrió un recorrido formativo que continuará profundizando en los diferentes elementos simbólicos de la mochila: el agua, el alimento y el refugio, el mapa, la ropa y el calzado, el fuego, la linterna y, finalmente, la necesidad de vaciar la mochila.
Cada sesión quiere ofrecer herramientas para reflexionar sobre las necesidades espirituales del catequista y ayudarle a vivir su vocación con mayor conciencia. El objetivo es recordar que, para acompañar a otras personas en el camino de la fe, también es necesario reservar tiempo para la oración, la formación, el discernimiento y la renovación interior.
El curso «La mochila del catequista» quiere ser, así, una oportunidad para profundizar en la relación con Dios, fortalecer la identidad de los catequistas y renovar la alegría de servir a la Iglesia anunciando a Jesucristo.
Vídeo de la primera sesión: