Unos ochenta niños y jóvenes participan en el 29º Encuentro de Monaguillos

El Seminario Conciliar de Barcelona celebra una nueva jornada de fraternidad y catequesis para acercar a los niños y jóvenes el mensaje de Jesús

El Seminario Conciliar ha celebrado este sábado 20 de abril el 29º Encuentro de Monaguillos bajo el lema «Sólo Tráis palabras de vida eterna». Juegos, catequesis, fraternidad y oración fueron los pilares de la jornada, a la que se unió el arzobispo de Barcelona, Card. Joan Josep Omella, que celebró la misa con los jóvenes y sus familiares.

Unos ochenta niños y jóvenes participaron en el encuentro. Entre ellos, los diferentes monaguillos que participan en las parroquias de la archidiócesis y los miembros del Grupo Samuel, un espacio de encuentro de chicos entre 10 y 17 años que mensualmente se encuentran en el Seminario y en diferentes parroquias para profundizar en su fe.

Dinámica catequética

Las actividades las organizaron un año más por los seminaristas de la Archidiócesis de Barcelona que explicaron a los participantes el tema de la dinámica, centrada en la cita del Evangelio de Juan «Sólo Tú tienes palabras de vida eterna». Partiendo de aquí se explicó la convicción de los apóstoles hacia Jesús como su Señor y el mensaje que dieron a conocer en todo el mundo a anunciar la Bonanova.

Con esta introducción se dio paso a la gincana, en la que los niños y jóvenes tuvieron que ponerse en la piel de siete de los apóstoles en diferentes situaciones que encontraron evangelizando a lo largo de su camino. Los discípulos elegidos fueron Santo Tomás, San Mateo, San Andrés, San Pedro, San Jaime, San Judas Tadeo y San Juan. Cada una de las dinámicas estaban caracterizadas por diferentes rasgos relacionados con ellos.

Había siete pruebas muy variadas que incluían juegos de agua, globos, relieves, música… todas presentadas bajo distintos pretextos según el trayecto de los apóstoles. Es el caso de una mímica, donde debía ponerse todo el ingenio imaginando cómo Santiago transmitió a los íberos el mensaje de Jesús. También destacaba una de obstáculos superando los obstáculos de Santo Tomás en la India o una de estrategia en las cartas identificando diferentes papeles como el de María o Jesús, entre otros.

Celebración de la Eucaristía

Tras las pruebas, tuvo lugar la celebración de la misa que presidió el Cardenal Omella En esta ocasión los monaguillos se sentaron en los bancos y algunos jóvenes del Grupo Samuel tomaron el relevo haciendo de monaguillos durante la celebración de la Eucaristía. También se añadieron entre los fieles los padres, madres y otros familiares de los seminaristas.

En el momento de la homilía, el arzobispo explicó cómo Dios se hizo presente a partir del relato de las experiencias de algunas personas que habían vivido un milagro o la gracia de Dios en los momentos de debilidades o dificultades. «Dios se manifiesta continuamente en nuestra vida y nos hace llegar su fuerza», dijo.

Experiencia fraterna y cercana a la vocación

El párroco del Seminario, Mn. Salvador Bacardit concelebró durante la celebración y estuvo presente a lo largo de la jornada durante la que recibió a las familias de los jóvenes que participaron. Tal y como expone Mn. Bacardit, la valoración general es «muy positiva, sobre todo, porque permite conectar con los jóvenes que participan en ella adolescentes y sus familias».

También el seminarista encargado de coordinar la dinámica de juegos, Daniel Delgado, coincide con el párroco del Seminario, y añade cómo esta jornada de convivencia brinda una oportunidad más para que los jóvenes compartan se acerquen a Jesús. «Este año nos hemos centrado en los apóstoles y los sacramentos –explica–. Es la base para acercarse a Nuestro Señor». ¡En estos encuentros vemos con sorpresa cómo los niños verdaderamente están muy enamorados del Señor y cómo lo viven! ¡Incluso han representado el templo donde Jesús se presentó, recreando un Castillo! – destaca Daniel con humor-. Vienen aquí abiertos a aprender y disfrutar entre unos y otros».

Más allá de esos conocimientos que se transmiten, Delgado destaca la relación con la pastoral vocacional. «El hecho de ser monaguillo es un servicio en el altar muy cercano a la eucaristía y al servicio del sacerdocio. Quien sabe si esto puede ser una puerta a su propia vocación», destaca.

Daniel Delgado asegura que también es toda una experiencia para los propios seminaristas, que cada año se involucran en las actividades. «¡Es muy bonito! A pesar del trabajo y el trabajo ves la alegría con la que lo viven los niños y niñas que aprenden cosas sobre Dios, pero también las viven y se acercan con inquietud. Al final celebrar la misa todos juntos, es el momento en el que se transforma el corazón», añade.

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