Sensaciones y esperanzas ante la ordenación diaconal de seis seminaristas

Mons David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona, conferirá la ordenación diaconal a Xavier Campmany, Javier Casals, Santi Claret, Guillermo Lisicico, David Lucena y Joan Piñol

Este domingo, 16 de junio, a las 18 h, seis seminaristas recibirán la ordenación diaconal, camino del sacerdocio. La ceremonia tendrá lugar en la basílica de la Sagrada Família, a las 18 h, y el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías será el encargado de conferir la ordenación a Xavier Campmany, Javier Casals, Santi Claret, Guillem Lisicic, David Lucena i Joan Piñol. El obispo Mons. Javier Vilanova i Pellisa concelebrará la Eucaristía.

«Emoción y gratitud»

«Es un momento de gran emoción y gratitud. Significa recibir un sacramento por el que llevamos muchos años preparándonos». Así explica sus sensaciones frente al de este paso, Joan Piñol, de treinta y un años. Fue en septiembre de 2017, cuando después de la universidad inició un proceso de discernimiento para saber tal y como dice él: «qué quería Dios de mí». Asegura que «más que una decisión personal, al final entrar en el Seminario es responder a un llamamiento en el marco de una relación de amistad con Jesucristo».
David Lucena, que llegó al Seminario de Barcelona tras cursar filosofía en el Seminario de Toledo, explica que la familia y los sacerdotes amigos fueron primordiales para decidir hacerse sacerdote, así como, «la guía del Espíritu Santo». «Comprender que Dios había entregado su vida por mí me movió a querer entregar la mía toda a Él», explica.
También, para Javier Casals, de veintiocho años, el ejemplo de los padres, de los hermanos y de los amigos fueron un detonante, junto con la «Gracia» que le hizo elegir el sacerdocio como vocación.
Después de unos años de formación, ese deseo por ser sacerdotes lo viven con más fuerza. Y es que, tal y como explica Casals, el Seminario «ha sido un tiempo de descubrimientos impresionantes y ha encontrado más motivos para ello». En la línea que expresa Lucena, ahora «la motivación es mayor, más profunda y sólida». «No es que haya cambiado»- argumenta Joan Piñol- sino que «ha madurado más». Tal y como dice, «el latido del primer amor sigue ahí, pero ahora la vocación es más profunda y arraigada. Ya no es una vaga intuición, sino una realidad que conforma mi identidad».

Servir como diáconos

Antes de ser sacerdotes, servirán durante un período a la Iglesia como diáconos. Un momento de «gran emoción y gratitud» -se refiere Joan Pinyol-. Un paso, que reciben tal y como dice Javier Casals como «un deseo muy grande en el corazón». «Notas como Cristo te atrae para que seas totalmente para Él, para que puedas vivir en Él su amor por la Iglesia», añade.
Recibiendo la ordenación diaconal, reciben la definitiva consagración a Dios. David Lucena lo recibe como un paso que «cerca más que nunca al altar, donde espero algún día celebrar a la santa Misa como sacerdote». Este nombramiento marca el último tramo de camino hacia el sacerdocio. Un período para «continuar creciendo en la intimidad con Cristo ya su servicio con humildad y sencillez», destaca Juan. Por su parte, David Lucena, espoleado desea «vivir esta etapa con mayor santidad, a gloria de Dios y bien de las almas». «Por supuesto, la responsabilidad que implica el diaconado me empujará a responder más generosamente a la llamada de Dios» añade Lucena.
En un punto de vista similar de Javier Casals, «el ser diácono es un gran empuje: el diácono es constituido mensajero del Evangelio, es decir, de la Buena Nueva». Y como dice, «¡Qué mejor que ser sembradores de esperanza para prepararse para el sacerdocio!»
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