La parroquia de Sant Feliu de Cabrera de Mar es uno de los templos singulares del Arciprestazgo del Maresme, es nombrada por primera vez en un documento del 1025. Dedicada a Sant Feliu l’Africà, patrón de la localidad, su historia está estrechamente vinculada a una tradición que, según la leyenda, se remonta al paso del santo por Cabrera durante su camino hacia Girona. «Años después, cuando los vecinos de Cabrera supieron que aquel joven había sido canonizado, decidieron convertirlo en el patrón del pueblo. Desde entonces, Sant Feliu es el patrón de Cabrera de Mar», explica el historiador y feligrés de la parroquia, Jaume Molinos.
La devoción al santo se consolidó con el paso de los siglos. Tras la consagración del templo, en el año 1570, se depositaron en él reliquias de santa Apolonia y, más adelante, también de Sant Feliu, que todavía hoy se conservan en la parroquia y que durante muchos años fueron objeto de veneración con motivo de la fiesta mayor.
Una iglesia y una fortaleza defensiva
El actual templo comenzó a construirse en el año 1540 para sustituir una antigua iglesia románica. Sin embargo, su finalidad fue mucho más allá de ofrecer un espacio de culto. En una época marcada por los ataques de piratas en la costa y por el bandolerismo, los habitantes de Cabrera decidieron levantar un edificio sólido, pensado también para proteger a la población y servir como espacio de reunión. «Los campesinos de Cabrera construyeron un nuevo templo gótico, pero también una especie de casa fuerte, casi un castillo, donde poder protegerse», explica Molinos. Esta función defensiva todavía puede apreciarse en la robustez de la construcción, así como en los elementos que distinguen a Sant Feliu de otras parroquias de la comarca.
Un patrimonio artístico de gran valor
La iglesia conserva un importante conjunto patrimonial. Uno de los elementos más destacados es el retablo mayor de Sant Feliu. Aunque durante la Guerra Civil una parte de la obra quedó destruida, las tablas originales dedicadas al martirio del santo y a escenas de la Pasión de Jesús pudieron salvarse y hoy se conservan en la sacristía.
También destaca una copia del retablo de San Juan de Bernat Martorell, ya que el original fue cedido hace años al Museo Diocesano de Barcelona.
Entre los elementos más curiosos destaca el conjunto de ménsulas que sostienen las bóvedas del templo. Según la tradición, explica Jaume Molinos, «muchos de los rostros que aparecen esculpidos corresponden a los vecinos de Cabrera del siglo XVI que contribuyeron económicamente a la construcción de la nueva iglesia».
También destacan las cinco claves de bóveda de la nave central, decoradas con representaciones de Sant Feliu, San Pedro y San Juan, santos muy venerados en Cabrera, así como con el escudo de la Casa de Austria. Tal y como señala el historiador, «a través de las claves de bóveda se puede conocer a los santos del pueblo y el contexto histórico de la iglesia».
El órgano y las campanas, patrimonio vivo de la parroquia
Marcando el ritmo de la vida del pueblo destacan también las cinco campanas. Fundidas en los años 1984 y 1985, llevan nombres de vecinos de Cabrera y acompañan las principales celebraciones litúrgicas y los momentos más significativos de la comunidad.
Entre las incorporaciones más recientes se encuentra el órgano de fabricación suiza, instalado en la década de 1990. Se trata de un instrumento de estilo barroco que protagoniza el Ciclo de Órgano del Maresme, una iniciativa que cada verano atrae a intérpretes, estudiantes y aficionados de diferentes lugares.
Con más de cuatro siglos de historia, Sant Feliu de Cabrera sigue siendo un referente espiritual, patrimonial y cultural del Arciprestazgo del Maresme. Un templo que conserva la memoria del pasado, pero que continúa plenamente vivo gracias a su comunidad y a las iniciativas que, año tras año, mantienen vivo su patrimonio y su actividad.