Las Fiestas de San Roque de Barcelona han celebrado este año su 437.ª edición, consolidándose como la fiesta más antigua del barrio Gótico y una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad. Reconocida como Fiesta Patrimonial de Interés Nacional, esta edición ha estado marcada por un doble homenaje: a las mujeres que, generación tras generación, han sido el alma de la fiesta, y al 120.º aniversario de los Gigantes Centenarios de San Roque, Roc y Laieta, que se han presentado con una imagen renovada tras un proceso de restauración.
Un reconocimiento a las mujeres del barrio
«Durante más de cuatro siglos las mujeres del barrio siempre han estado detrás de las fiestas, realizando las tareas más diversas y menos visibles. Como en tantos otros ámbitos, la mujer también ha sido invisibilizada en la fiesta», explica Xavier Cordomí, presidente de la Asociación de Fiestas de la Plaza Nova y de la Comisión de Fiestas de San Roque.
Este homenaje se ha hecho visible con la Izada de la Bandera Heráldica de San Roque, que este año ha corrido a cargo de Maria Teresa Aguilà Planelles, la primera mujer en incorporarse a la Comisión de Fiestas en 1977. Las fiestas también han recordado a Mercè Martí Minguillón, Tere Santana Galindo y Montserrat Garrich Ribera, madres de asociadas de la entidad que colaboraron activamente en la celebración durante muchos años.
El regreso de Roc y Laieta
Una de las principales novedades de esta edición ha sido la presentación de los Gigantes Centenarios de San Roque tras un año de trabajos de estudio y restauración. La intervención ha permitido recuperar elementos originales de las figuras, renovar su vestuario e incorporar nuevas joyas inspiradas en la historia de la plaza Nova, el barrio de la Catedral, San Roque y santa Eulalia.
«Roc y Laieta son, desde 1906, algunos de los elementos más característicos y simbólicos de las Fiestas de San Roque, de la plaza Nova y del barrio de la Catedral. Fueron los primeros gigantes de Barcelona propiedad del vecindario y son las figuras originales de gigantes en activo más antiguas de la ciudad», destaca Cordomí. «Con la restauración hemos querido devolver a las figuras su aspecto original y dejar un buen legado con nuestros gigantes como patrimonio del país», añade.
La jornada de San Roque
El 16 de agosto, festividad de San Roque, ha concentrado los actos principales de la celebración. La jornada comenzó con el Seguicio Tradicional por las calles del barrio, con una parada ante la capilla de San Roque de la Catedral de Barcelona, donde se celebraron el Baile del Águila de la Ciudad y el canto de los Gozos de San Roque.
Posteriormente, la Basílica de Santa María del Pi acogió la Renovación del Voto a San Roque con la Misa Solemne, el Baile de los Gigantes Centenarios, la bendición de los Panellets de San Roque, la veneración de la reliquia y el canto de los Gozos. Los actos continuaron en el Palacio Episcopal con la tradicional recepción del Seguicio, la colocación de la Bandera Verde de la Comisión de Fiestas y el Baile del Centenario de los Gigantes.
La celebración mantuvo también algunos de sus elementos más emblemáticos, como el tradicional Porró Llarg, la actuación del Esbart Català de Dansaires —que bailó junto a los Gigantes Centenarios para conmemorar su 120.º aniversario— y el 42.º Correfoc de San Roque.
Una tradición que sigue viva
Las Fiestas de San Roque también han incorporado este año nuevas propuestas de participación vecinal, como el «Vesprejant, tot esperant l’eclipsi» y el Vermut popular y musical, impulsadas por los miembros más jóvenes de la Asociación de Fiestas de la Plaza Nova con el objetivo de acercar la fiesta a las nuevas generaciones.
«La Fiesta y San Roque son el nexo de unión entre el antiguo vecindario, quienes todavía viven en el barrio y quienes llegan a él. Representan la continuidad de la identidad de la plaza Nova y del barrio de la Catedral», afirma Cordomí.
Con 437 ediciones, las Fiestas de San Roque siguen preservando una tradición votiva con más de cuatro siglos de historia, manteniendo vivo un patrimonio religioso, cultural y comunitario que forma parte de la identidad de Barcelona.
Fotografía: Sergi Montejo