Revive el Triduo Pascual de la archidiócesis de Barcelona

El coronamiento del año litúrgico que celebra la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, este año se ha vuelto a vivir con restricciones a causa de la pandemia

Fotografías: Catedral de Barcelona / Ramon Ripoll

La catedral de Barcelona ha vivido el Triduo Pascual cumpliendo con restricciones y medidas de seguridad a causa de la pandemia. El coronamiento del año litúrgico, que celebra los tres grandes misterios de la redención: la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo, de este año ha contado con medidas extraordinarias. En cuanto a Jueves Santo, no se ha llevado a cabo el lavatorio de los pies ni tampoco la procesión con el Santísimo; por Viernes Santo la veneración de la Cruz se ha adorado desde la distancia. En cuanto a la Vigilia Pascual de Sábado Santo se ha bendecido el fuego nuevo y el cirio Pascual en el mismo presbiterio, omitiendo la bendición del agua y haciendo únicamente la renovación de las promesas bautismales. El cardenal ha presidido todos los actos de Triduo Pascual en la Catedral de Barcelona salvo la Vigilia Pascual que la ofició en la Sagrada Familia (pueden ver algunas imágenes en la galería fotográfica).

Jueves Santo

El cardenal Omella ha celebrado la cena del Señor conmemorando el oficio de la última cena. «La Eucaristía es el núcleo de la vida cristiana. Hoy estamos llamados todos a adorar, venerar y amar más la Eucaristía, la presencia real del Señor entre nosotros» ha asegurado el cardenal Omella. Jesús dio una lección de humildad al limpiar los pies de sus discípulos. Este año este rito no se ha podido llevar a cabo a causa de la pandemia. Acabada la Eucaristía se ha trasladado el Santísimo Sacramento, este año sin procesión, para que los fieles puedan adorarlo desde la distancia. También se ha desvestido el presbiterio de los ornamentos dejando solo la reserva de pan para Cristo.

Viernes Santo

El presbiterio desnudo y la cruz velada han sido el escenario para conmemorar la Pasión y Muerte del Señor. «Hoy, en el centro de nuestra celebración está la cruz, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Hagamos un llamamiento a abrazar la cruz, a saber mirar con confianza esta cruz que nos salva, que es camino de vida, de esperanza y de resurrección» ha afirmado el cardenal Omella.

El papa Francisco hizo una audiencia general el pasado 31 de marzo explicando que durante este Viernes Santo: «Adorando la Cruz, reviviremos el camino del Cordero inocente inmolado por nuestra salvación. Llevaremos en la mente y en el corazón los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo». Este año el Sermón de las siete Palabras, celebrado antes de la conmemoración de la Pasión de Cristo, ha sido predicado por el canónigo de la Sede, Mn. Miquel Ramón. Finalmente se ha hecho un pequeño Vía crucis en el interior de la catedral.

Sábado Santo

El Sábado Santo es el día del silencio. La Vigilia Pascual anuncia por primera vez la resurrección del Señor. Durante la Vigilia Pascual en la Sagrada Familia el cardenal Omella ha explicado que «la nuestra es una historia de salvación donde el Señor lo renueva todo. La resurrección es el anuncio de la esperanza. Cristo rompe los esquemas y lo hace todo nuevo, la vida empieza después de la muerte».

Domingo de Pascua de Resurrección del Señor

La Pascua de Resurrección del Señor celebra el encuentro en Cristo resucitado. Es el acto más importante del año litúrgico donde los obispos pueden impartir la bendición papal. «Parece provocativo en medio de la situación de pandemia, de enfermedad y pobreza decir, “Hermanos hoy es un día grande, Cristo ha resucitado, no perdamos la esperanza” pero es la verdad» ha dicho el cardenal Omella que también ha hecho un llamamiento muy importante: «Ve y anuncia que Cristo ha resucitado, es lo que han hecho durante 2.000 años de historia nuestros antepasados. Han anunciado que el Cristo vive y la fe se ha transmitido de padres a hijos y dura y perdurará». Finalmente ha anunciado: «Feliz Pascua a todos», una Pascua que se prolongará durante cincuenta días hasta la llegada del Pentecostés.

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