Ordenación diaconal de Rafael Cervera, Manuel Garrido y Carles Rubio

El cardenal Omella ordena tres nuevos diáconos al servicio de la Iglesia archidiocesana de Barcelona

La Iglesia de Barcelona cuenta desde este fin de semana con tres nuevos diáconos: Rafael Cervera, Manuel Garrido y Carles Rubio. La celebración tuvo lugar este sábado en la Catedral de Barcelona, junto al arzobispo, Card. Joan Josep Omella que presidió.

Muchos sacerdotes y diáconos de la archidiócesis participaron en la celebración dando su apoyo y acompañamiento a los tres candidatos al diaconado que después de seis años se ordenaban. Sentados en primera fila, había entre los fieles las tres familias.

Tras la liturgia de la palabra, los elegidos se acercaron al arzobispo para la elección de los candidatos en los que Omella preguntó si los elegidos son «dignos».

«Estamos convocados y reunidos por el amor de Dios»

«Nosotros estamos convocados y reunidos por el amor de Dios, que se ha hecho servidor nuestro para enseñarnos que el amor es el servicio, y no desea otra cosa que mostrarnos ese amor». ¡La misión es única! Servir con amor ésta es la tarea de todos los cristianos». Así, alto y claro lo dijo el cardenal Omella que, seguidamente, dirigiéndose a los diáconos, les encomendó una triple misión en este nuevo ministerio diaconal que iban a recibir: el anuncio del Evangelio, la predicación de la Palabra y el servicio de caridad.

El arzobispo agradeció a las mujeres de Rafael, Manuel y Carles, haber dado su aprobación a la decisión de los tres candidatos que habían recibido como primer sacramento el del matrimonio. «Este «sí» que da la esposa no es un trámite, sino una gracia del Señor. Sólo el hombre será diácono, pero ella estará presente en la misión. El Señor bendecirá su esfuerzo».

Por otra parte, con motivo de la Jornada Pro Orantibus, Omella tuvo también unas palabras para los religiosos y religiosas contemplativos «que nos guían con su oración a lo largo de la vida». En esta línea recordó que «la oración es fundamental en nuestra vida» e invitó a orar para los nuevos ordenados y para las vocaciones.

Promesas y ritos de ordenación

A continuación, se procedió a la promesa de los elegidos y la promesa de obediencia. En la promesa de los elegidos, los candidatos expresaron su compromiso ante el obispo y todo el pueblo fiel de ejercer el oficio de diácono. En la promesa de obediencia, los escogidos prometieron respeto y obediencia al obispo ya sus sucesores. Los candidatos se postraron en el suelo en señal de humildad mientras se cantaba las Letanías de los santos invocando a los santos y santas para pedir la Gracia de Dios.

El momento central de la ordenación fue con la imposición de las manos a los tres escogidos y con la oración de ordenación. Con estos dos gestos se les confirió así el don del Espíritu Santo para el oficio de diácono.

Ya ordenados, Manuel, Rafael y Carles fueron revestidos con la estola en forma diaconal y la dalmática, y recibieron del cardenal Omella el libro del Evangelio para proclamarlo en las celebraciones litúrgicas. Por último, como signo de fraternidad, recibieron el abrazo de sus hermanos diáconos como signo de bienvenida en este ministerio. Los fieles aplaudieron a los nuevos diáconos, dándoles la enhorabuena.

En el momento de la celebración de la Eucaristía, los nuevos diáconos asistieron al altar y participaron dando la eucaristía a los fieles.

 

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