Fotografías: Catedral de Barcelona
Este 2 de febrero la Catedral de Barcelona acogió la misa con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2025, en el marco de la fiesta de la Candelaria que conmemora la Presentación de Jesús en el Templo. Mons. David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona, presidió la celebración acompañado de miembros del cabildo de la Catedral así como del responsable de la Delegación Diocesana para la Vida Consagrada, P. Joan Josep Moré.
La jornada reunió a los miembros de la vida consagrada, quienes renovaron su compromiso con la oración, el servicio y la entrega a Cristo. Este año, la jornada estuvo marcada por el lema «Peregrinos y sembradores de esperanza», un recordatorio de la llamada a vivir con esperanza y ser testigos del amor de Dios en un mundo que necesita luz.
La bienvenida de la presidenta de la URC
En su bienvenida, Susana García del Álamo, presidenta de la Unió de Religiosos de Catalunya, destacó que la vocación consagrada es «un don de Dios, un regalo que debe ser compartido con generosidad». Insistió en la importancia de vivir con esperanza, especialmente en un tiempo lleno de dudas y dificultades. Tal como dijo: «Salir al camino supone acercarnos a los más desfavorecidos, a todos aquellos que están sedientos de una palabra de ánimo, de compasión, de comprensión». Animó a los consagrados a vivir con los ojos abiertos para detectar las debilidades humanas y ofrecer con sencillez el Amor de Dios.
«La belleza de los carismas de la Iglesia»
Durante la celebración, Mons. David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona, dirigió unas palabras inspiradoras a los asistentes. Recordó que, en este día de la Candelaria, cuando la luz de Jesús se manifiesta en el templo, «vemos los campos y sembrados del Señor con diversas flores, colores y perfumes, signo de la variedad y la belleza de los carismas de la Iglesia». Destacó que la vida consagrada es como esta gran variedad de flores que enriquece la Iglesia, un campo donde cada carisma aporta una luz única. Hizo referencia a Simeón y Ana como testigos de confianza en Dios, recordando que «nuestra confianza en Dios es una luz que nos guía».
Un llamada a la esperanza y la fidelidad
El obispo Abadías animó a los consagrados a continuar su camino con confianza y renovar su dedicación a Cristo. Subrayó que «nuestra misión es anunciar a Dios y ser la chispa del Espíritu», recordando que la fe no se fundamenta en lo que nos da el mundo, sino en la total confianza en Dios. Añadió: «La luz que lleváis es esencial. El mundo os necesita. Vuestra palabra, vuestra fe, son luz en medio de las tinieblas.»
En sus últimas palabras, Mons. Abadías concluyó con una oración de gratitud: «Que el Señor bendiga nuestros corazones, que nos dé la fuerza para continuar con fe y fidelidad. Que, como Simeón y Ana, también nosotros podamos alabar y agradecer a Dios por su promesa, sabiendo que nuestra misión es hacer presente su luz en este mundo.»
Un testimonio vivo de luz y esperanza
La jornada fue un llamado a todos los cristianos a seguir el camino de la vida consagrada, con confianza y luz, para ser «peregrinos y sembradores de esperanza». Los consagrados, en la diversidad de sus carismas, renovaron su compromiso de seguir el camino de Cristo, confiados en su promesa y con el deseo de ser luz para los demás. Como concluyó la presidenta de la Unió de Religiosos de Catalunya, «¡feliz día a todos y a todas por haber dicho Sí a la llamada de Jesús!», una invitación a vivir el misterio de la vida consagrada con profundidad y gratitud.