Fotografías: Catedral de Barcelona
Este jueves 20 de marzo, la Catedral de Barcelona acogió la segunda Predicación Cuaresmal, a cargo del canónigo y decano emérito, Mn. Josep Ramon Pérez. La predicación, enmarcada en el año jubilar de la esperanza, se centró en las obras de la Misericordia, uno de los pilares fundamentales de nuestra fe y una invitación a vivir la misericordia en nuestro día a día.
Mn. Josep Ramon inició su intervención recordando las palabras del Papa Francisco, quien, en su mensaje cuaresmal, nos invita a reflexionar sobre el camino espiritual que todos estamos llamados a recorrer. «Estamos llamados a caminar juntos, con esperanza y en conversión», dijo. «Y es precisamente en esta misericordia divina, que nos rodea como humanidad, donde la Cuaresma de este año encuentra su sentido profundo: un camino compartido con Dios y con los demás».
La Llamada a la Conversión: Preguntas para el Corazón
«¿Estoy realmente en camino o estoy paralizado?»; «¿Somos capaces de caminar con los demás, de escucharlos y vencer la tentación del aislamiento?»; «¿Tengo la convicción de que Dios perdona mis pecados o actúo como si pudiera salvarme por mí mismo?». Mn. Josep Ramon recordó estas preguntas planteadas por el Papa en este Jubileo e instó a los fieles a meditar durante su predicación, invitándolos a sentirse peregrinos en este camino de conversión. Un camino donde la misericordia de Dios «nos impulsa a mirarnos unos a otros con un corazón más comprensivo y solidario». «La Cuaresma, por lo tanto, es también un momento para hacer un examen de conciencia y preguntarnos si realmente estamos caminando en la dirección de la promesa de Dios», dijo.
Las Obras de la Misericordia: Una Concreción del Amor
«Las obras de misericordia son una invitación a vivir de manera concreta el amor de Dios que hemos recibido». Así lo dijo Mn. Josep Ramon, afirmando que la misericordia «no es abstracta, sino que se manifiesta en acciones tangibles y en la cercanía con quien nos necesita». Subrayó que las obras de la misericordia son más que simples acciones de caridad; son una imitación de la misericordia misma de Dios. Estas acciones incluyen dar de comer al hambriento, vestir a los desnudos, visitar a los enfermos, y también las obras de misericordia espirituales, como dar consejo a los que lo necesitan o perdonar a los que nos han ofendido.
Mn. Josep Ramon se refirió a los más vulnerables de la sociedad: los migrantes, los refugiados, los prisioneros, recordando la llamada del Papa a atenderlos especialmente. «Debemos caminar con ellos, no como viajeros solitarios, sino juntos, con la misericordia como guía», insistió el canónigo.
La Misión de la Iglesia: Vivir el Amor de Dios
Mn. Josep Ramon subrayó que las obras de la misericordia son esenciales para la Iglesia, ya que nos recuerdan que somos instrumentos de la misericordia de Dios para los demás. «Las obras de misericordia son un camino de transformación, tanto para los que las reciben como para los que las practican», dijo, citando un fragmento del Evangelio de Mateo (25:35-36), donde Jesús afirma que cuando ayudamos a los más pequeños, lo estamos haciendo a Él mismo.
«Este año de la esperanza nos invita, por tanto, a ser signos tangibles de esta misericordia a través de gestos concretos». Mn. Josep Ramon recordó que el amor y la misericordia de Dios deben ser un reflejo de nuestra vida cristiana, una acción constante que trasciende nuestras propias limitaciones y nos lleva a vivir en comunión con Dios y con los demás.