«Los Reyes Magos»

El Evangelio de Mateo es el único relato bíblico que recoge la llegada a Jerusalén de unos magos venidos de Oriente

Ya nadie puede dormir más. El griterío se ha hecho la dueña de la casa, todo son risas y exclamaciones: «Mira, ese es para mí! Pues yo tengo el más grande! Aquellos dos son para el padre y para la madre! «Hasta que todos abren la puerta de la habitación y exclaman con alegría desbordada: «Padre, madre, han venido los Reyes!» Sí, han venido, pero de donde ? Y quiénes son?

Relato bíblico

El Evangelio de Mateo es el único relato bíblico que recoge la llegada a Jerusalén de unos magos venidos de Oriente que, siguiendo una estrella, buscaban un niño que había de convertirse en el Mesías. El hecho de que el original de este evangelio fuera escrito probablemente en arameo hace que la traducción al griego de la palabra «mago» sea confundida, ya que puede tener diversos significados y matices como «sabio», «hombre de ciencia», «brujo» o «matemático».
Este texto no cita el número de magos o sabios que viajaban y, mucho menos, sus nombres. Sólo nos indica que provenían de Oriente, de donde sale el sol. La procedencia de los magos tiene todo un significado simbólico, ya que los convierte en portadores de la luz, el calor, el saber …
El Evangelio sí nos describe los obsequios que llevaban para honrar el niño, consistentes en oro, incienso y mirra. Es interesante hacer una lectura también simbólica de estos tres presentes: el oro como ofrenda a quien tiene el poder en la tierra, por tanto, a un hombre; el incienso, la ofrenda que se eleva, haciendo referencia a la condición divina del honrado; y, finalmente, la mirra, una sustancia aromática utilizada para embalsamar, recordando la condición de mortal del Mesías.

Antecedentes históricos

En el siglo IV, por analogía con los obsequios, se fijó el número de magos en tres, y posteriormente se les dio el nombre de Melchor, Gaspar y Baltasar. Uno de los primeros testigos onomásticos que se conservan lo encontramos en la basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, en unos mosaicos preciosos del siglo VI.
Más adelante, el arte estableció la iconografía de los reyes. Así, Melchor, que ofrece el oro, es representado como un hombre de edad con barbas y cabello largo blanco. Gaspar, portador del incienso, se representa como un hombre maduro de barbas y melena rubia. Finalmente, Baltasar, el encargado de la mirra, es el rey negro, incorporado a esta tradición en el siglo XIV y totalmente asumido a partir del siglo XVI. Según esta iconografía, hay quien interpreta que los tres personajes representan las diferentes partes del mundo conocidas en la época (Europa, Asia y África) y otras, como las edades del hombre (juventud, madurez y vejez).

Tradición milenaria

La iglesia católica celebra la solemnidad de la Adoración del niño Jesús o Epifanía el 6 de enero y, la víspera, el día 5, es tradición que estas tres célebres figuras, que con los tiempos hemos terminado para conocer como los Reyes, Reyes de Oriente o Reyes, lleguen a todos los lugares para llevar juguetes, golosinas y otros obsequios a los niños.
Actualmente, la llegada de los Reyes se celebra con cabalgatas donde Sus Majestades, acompañadas por su séquito real, recorren las calles de pueblos y ciudades. Estas cabalgatas son una tradición relativamente reciente, ya que la primera se celebró en Alcoy en 1885 y, en el Principado, fue en Igualada en 1895. En algunas poblaciones, los Reyes son recibidos con luz de antorchas y farolillos, un vestigio de la ‘antigua costumbre de cuando los niños salían en los bosques, en las playas y otros lares para indicar, con sus señales de luz, el camino a sus Majestades para que no se perdieran.
Y hablando de Alcoy, sabíais que esta población tiene una singularidad que no se repite en ninguna parte? El rey negro es el Gaspar.
Haga bondad y que los Reyes os traigan muchas cosas.

Del libro de la Col·lecció l’Ermità: Celebrem el Nadal d’Amadeu Carbó.

Para más información, consultar en: Edicions Morera

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