La Vinya celebra 25 años sembrando solidaridad y transformación social en Bellvitge y Gornal

De cara al futuro se quiere «profundizar en la vinculación con los barrios de Bellvitge y Gornal, siendo más presentes y abiertos a sus necesidades y fortaleciendo el trabajo en comunidad»

Església de Barcelona

La Fundación La Vinya, un proyecto social que ha sido un referente en Hospitalet de Llobregat, ha celebrado recientemente sus 25 años de historia. En este tiempo, ha sido testigo de muchos cambios, pero siempre con la misma misión: acoger, atender y acompañar a personas de Bellvitge-Gornal, especialmente aquellas más vulnerables, ofreciéndoles una vida digna y una oportunidad de transformar su realidad social. 

Un proyecto común des de los inicios

La historia de La Vinya comienza en un contexto de colaboración interparroquial. La semilla se sembró en unos encuentros entre las Misioneras del Corazón de María, las Teresianas de Enric d’Ossó, las Religiosas del Niño Jesús y curas de las parroquias de Bellvitge y Gornal. Allí se gestó la idea de crear una entidad civil con varios proyectos sociales de las tres parroquias San Juan Evangelista, Virgen de Bellvitge y Santa Maria del Gornal. Según la directora actual de la Fundación, María Labernia Pruñonosa, «la creación de La Vinya fue una manera de dar continuidad y mayor visibilidad a las actividades sociales y de acogida que se estaban llevando a cabo en estas parroquias». Así, La Vinya nacía con el objetivo de ser una entidad inclusiva, abierta a todo el mundo, independientemente de sus creencias, que pudiera obtener los recursos necesarios para llevar a cabo sus proyectos sociales. 

Con los años, la misión de la fundación ha evolucionado. Actualmente, según Labernia, La Vinya se sigue enfocando en la acogida y la atención a niños, jóvenes y adultos, con una especial dedicación a las personas más vulnerables, y vela por «acoger, atender y acompañar en el camino hacia a una vida libre y digna». Asimismo, La Vinya impulsa acciones educativas y solidarias, trabajando para transformar la realidad social de los barrios de Bellvitge y Gornal, con la esperanza de un mundo más justo. 

Retos de futuro

Para la Fundación, este 25 aniversario ha sido un momento para echar una mirada atrás y agradecer el trabajo realizado, pero también para reflexionar sobre los retos de cara al futuro. Tanto Labernia como Kiko Segura, actual presidente del patronato, apunta al aumento de los espacios de participación y decisión como uno de los principales objetivos de los próximos años. También, se quiere «profundizar en la vinculación con los barrios de Bellvitge y Gornal, estando más presentes y abiertos a sus necesidades, y fortaleciendo el trabajo conjunto con la comunidad». Además, estos dos se suman al reto de mantener el equilibrio entre la «dimensión carismática de la Fundación», que fue la inspiración del proyecto, y su «consolidación institucional», que es necesaria para garantizar la sostenibilidad del proyecto. 

Una celebración llena de emoción 

«La jornada de celebración del 25 aniversario fue un día de hacer Vinya, un día de vidas llenas». «Un acto sencillo pero lleno de emoción». Así lo explica Labernia, según la cual el sentimiento entre los asistentes era de «profundo agradecimiento». Fue la ocasión ideal para reconocer el trabajo de las personas que han hecho posible este proyecto. Para la directora, fue una jornada de «regalo de cariño, entrega, complicidad, agradecimiento, dignidad, justicia, trabajo, servicio y cohesión». 

 El obispo, en su intervención, destacó tres grandes conceptos: «la tierra, como el lugar en el que se genera vida, a través del esfuerzo, las manos que la cuidan;el trabajo conjunto, como los sarmientos de una Viña que unida a Jesús da Vida;la unión a Jesucristo, nos dará la fuerza y el impulso para continuar; y la sencillez de los gestos de la escucha, de cuidado desde el amor. «Dando un fruto de luz y esperanza a la comunidad», dijo. 

La Fundación hoy 

Hoy, la Fundación La Vinya cuenta con 220 personas voluntarias, 13 personas contratadas y otros muchos colaboradores, como donantes y socios. Unas cifras que reflejan la solidez y el compromiso de una entidad que, a través de la acción social y educativa, ha creado una red de apoyo y solidaridad en uno de los barrios más desfavorecidos de Hospitalet. 

En el camino hacia el futuro, La Vinya sigue siendo una referencia de compromiso social, con una mirada optimista pero realista sobre los retos que comporta una sociedad en constante cambio. Su labor no se detiene, y en los próximos años, según la directora, «serán clave para seguir creando comunidad, siendo un lugar de encuentro y transformación para aquellos que más lo necesitan». 

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