Fotografías: Agustí Codinach
El Secretariado de Pastoral Familiar del Arzobispado de Barcelona organizó este pasado fin de semana la jornada anual con el título “Familia, Fuente de Esperanza”. El encuentro reunió a cerca de un centenar de familias de la diócesis y de otras comarcas vecinas, con un total de unas 200 personas, entre mayores y pequeños. El obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías, se unió a los asistentes procedentes de diferentes parroquias de la archidiócesis.
La jornada, que se desarrolló en un ambiente festivo y comunitario, fue un espacio para celebrar la vida familiar cristiana. Tal como explica Emili Punyet, director de la Pastoral Familiar, el propósito del encuentro era “celebrar la alegría de ser familias cristianas, compartiendo la fe, haciendo comunidad y creando lazos entre nuestras familias”. Cada año, la jornada aborda un tema específico y, este año jubilar, se quiso poner el acento en la esperanza como valor fundamental de la vida familiar.
El evento comenzó con una adoración para los voluntarios, un momento de oración y dedicación, seguido de una acogida a las familias, quienes pudieron compartir un tiempo de adoración mientras sus hijos eran atendidos por los monitores. Uno de los momentos más destacados de la jornada fueron los talleres, que ofrecieron contenidos para todas las edades. Mientras los adultos escuchaban una charla de Oriol Jara sobre la familia enraizada en la Sagrada Escritura, los más pequeños se adentraron en el mundo mágico de los Valivan, un espectáculo creado por los titiriteros Vali y Jose, que emocionaron a los niños con historias bíblicas.
Tras los talleres llegó el momento de la chocolatada, una oportunidad para compartir y hacer comunidad. Más tarde, dos danzas de alabanza dirigidas por Dolors Parellada prepararon a los asistentes para el acto central de la jornada: la Eucaristía presidida por el obispo David Abadías. En su homilía, el obispo reflexionó sobre la figura del Buen Pastor, destacando tres aspectos importantes para las familias: la acción de gracias, la protección y el conocimiento, vinculándolos con la vivencia familiar. “Los hijos deben sentirse amados en la familia para que así aprendan a sentirse amados por Dios”, afirmó el obispo, quien subrayó la importancia de vivir en comunidad y de acogernos mutuamente como una familia.
Uno de los momentos más emotivos fue el reconocimiento a los catequistas presentes, quienes recibieron una vela con el símbolo del Jubileo de la Esperanza —una cruz con un ancla— como muestra de agradecimiento por su labor en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.