
Misa por Venezuela
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La celebración pone de relieve la vigencia del carisma teresiano, legado de san Enrique de Ossó, presente hoy en las entidades, colegios, asociaciones y familias vinculadas a la Compañía
Fotografías: Agustí Codinach
Este 27 de enero, la basílica de Santa Maria del Mar ha acogido la misa de acción de gracias con motivo del 150º aniversario de la fundación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, coincidiendo con el día de su fundador, san Enrique de Ossó. La eucaristía fue presidida por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella, y contó con la presencia del obispo de Vic, Mons. Romà Casanovas, y del obispo de Urgell, Mons. Josep-Llluís Serrano, así como de numerosos presbíteros concelebrantes vinculados a la Compañía.
La basílica se llenó de un ambiente de familia, reflejo de la riqueza y diversidad de la familia teresiana, formada no solo por las hermanas teresianas, sino también por todas aquellas personas que comparten el carisma educativo y evangelizador de san Enrique de Ossó. Entre los asistentes se encontraban profesorado y personal no docente de los colegios de Santa Teresa, alumnado, laicos y laicas comprometidos, así como representantes de diversas entidades vinculadas a este espíritu teresiano que continúa plenamente vivo.
Al inicio de la celebración, la Hna. Teresa Torres, una de las responsables de la organización del aniversario, hizo referencia a esta «historia de amor y educación, iniciada por el sueño valiente de Enrique de Ossó», que desde sus inicios ha sabido responder a los retos de cada tiempo. Una misión que, como señaló Torres, «no se detiene, sino que se transforma y se deja interpelar por la realidad, preguntándose cómo seguir siendo hoy una presencia educativa y transformadora en la sociedad actual».
En su homilía, el cardenal Omella felicitó a la Compañía de Santa Teresa de Jesús por sus 150 años de historia y se unió a la acción de gracias «por el regalo que el Espíritu Santo ha hecho a la Iglesia con vuestro carisma». Recordando la figura de san Enrique de Ossó, destacó la extraordinaria fecundidad de su ministerio sacerdotal, vivido en tan solo 29 años, y planteó la pregunta clave: ¿cómo fue posible una obra tan fecunda en tan poco tiempo?
La respuesta, explicó, se encuentra en su principio vital: «seré siempre de Jesús, su ministro, su apóstol, su misionero de paz y de amor». «Solo Dios basta», recordando estas palabras que san Enrique de Ossó citava de Santa Teresa, el cardenal subrayó cómo el santo comprendió profundamente que toda misión nace de un corazón enamorado de Dios, alimentado por el diálogo constante con el Señor, tal como expresaba santa Teresa de Jesús cuando afirmaba que «orar es tratar de amistad con quien sabemos que nos ama».
El cardenal Omella subrayó también la centralidad de la oración y del encuentro personal con Cristo como fuente de toda acción evangelizadora, así como la importancia decisiva de la catequesis y la educación cristiana, especialmente entre niños y jóvenes. Remarcó que el centro de la vida espiritual de san Enrique fue el corazón de Jesús, vivido no como una simple devoción, sino como una manera concreta de mirar, amar y entregarse sin reservas.
Finalmente, animó a la familia teresiana a «seguir formando no solo inteligencias, sino también corazones».
Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue el ofertorio, en el que diversos representantes de las realidades que hoy conforman la Compañía de Santa Teresa de Jesús ofrecieron velas encendidas, símbolo de la luz del carisma teresiano.
Hubo una luz por las comunidades educativas, comprometidas con una educación que ayuda a discernir y a dar sentido a la vida; otra por las fundaciones y entidades que trabajan con los más vulnerables; una vela por los laicos y laicas que viven el compromiso teresiano; otra por las entidades y comunidades hermanas con las que se trabaja en red; una por los niños y jóvenes, centro de la misión educativa; y una última por las hermanas, como granos de mostaza que recuerdan la inspiración fundacional de Enrique de Ossó al estilo de santa Teresa de Jesús. Las velas quedaron a los pies del altar como signo visible de un legado que continúa brillando hoy.
Al final de la eucaristía, Catalina González, religiosa y directora de la Llar Sant Enric d’Ossó, expresó un sincero agradecimiento a Dios por la inspiración concedida a san Enrique, por la llamada al encuentro con el Señor, por la identidad compartida de la familia teresiana y por todas las personas que forman parte de ella, sin olvidar los desafíos y llamadas que continúan interpelándola hoy.
Una vez finalizada la celebración, las hermanas teresianas tenían preparada una sorpresa para todos los asistentes. En un gesto simbólico muy significativo, los Castellers de la Sagrada Familia alzaron un pilar de cuatro, que simboliza la presencia actual de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, sostenida gracias al esfuerzo compartido y a la piña formada por todas las personas que, fieles al carisma de san Enrique de Ossó, continúan trabajando para transformar el mundo a través de la educación y del Evangelio.
Esta celebración ha dado inicio a la conmemoración de los 150 años de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, con el lema “El tiempo urge y apremian las circunstancias”, frase inspirada por San Enrique de Ossó. A lo largo de este año, habrá diversos actos en Cataluña. Destacan las celebraciones previstas del 19 al 23 de junio en Tortosa, Montserrat y Tarragona, que recorrerán los espacios y el carisma de san Enrique de Ossó. Toda la información puede consultarse en https://www.stjteresianas.org/.