Este primer domingo de Cuaresma ha tenido lugar el cuarto encuentro de los 7 Domingos de Dolores y Gozos de San José, en el Santuario de San José de la Montaña. En esta ocasión, la meditación se ha dedicado a la Presentación de Jesús en el Templo y ha ido a cargo de Mn. José María Carod, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria.
Esta antigua devoción, documentada desde el siglo XVI, propone recorrer siete episodios de la vida de san José, de dolor y de gozo. Al mismo tiempo, es una oportunidad para descubrir cómo estos momentos iluminan la vida cotidiana de los creyentes. Cada año, un sacerdote o estudioso de la Escritura acompaña a los fieles en esta reflexión.
«Custodio del Redentor»
En su predicación, Mn. Carod invitó a los asistentes a adentrarse en el corazón de san José en el momento de llevar al Niño al Templo de Jerusalén. «No era un hombre de muchas palabras, pero sí de fe obediente», recordó. «José cumple la Ley de Moisés con humildad, ofreciendo el sacrificio de los pobres».
El predicador subrayó que José es «el eslabón que conecta al Mesías con la Ley», ya que, como cabeza de familia e hijo de David, da carácter público y legal a la presentación. En sus brazos, «el Verbo hecho carne entra en la casa de su Padre», y en ese gesto «se revela una paternidad que no es posesiva, sino de servicio», explicó.
Mn. Carod destacó también la actitud de admiración de José ante las palabras de Simeón, que anuncia que aquel Niño será «luz para las naciones» y «signo de contradicción» (cf. Lc 2,33), así como la profecía de dolor dirigida a María. «José, sin decir una sola palabra, se convierte en compañero del sufrimiento anunciado. No puede evitar la profecía; solo puede estar», afirmó.
Referente para la Pastoral Penitenciaria
En un momento especialmente significativo, el director de Pastoral Penitenciaria propuso a san José como modelo para los voluntarios y capellanes que acompañan a personas internas y a víctimas. Segun dijo, «muchas veces, como José, solo podemos escuchar. Escuchar y acompañar». Una presencia fiel, discreta y sostenida en medio del dolor.
«La figura de san José en el Templo se convierte así en icono del creyente que obedece, se admira y acompaña; que presenta a Dios aquello que ha recibido de Él y que acepta que el camino de la salvación pasa a menudo por la oscuridad y la cruz». concluyó el predicador.
Eucaristía, procesión y quema de cartas
Después de la predicación se celebró la Eucaristía y, a continuación, se realizó una procesión con la imagen de San José de la Montaña por los pasillos del Santuario. La jornada finalizó con la tradicional quema de las cartas depositadas por los fieles, con peticiones y acciones de gracias, un gesto cargado de confianza y abandono en la intercesión del santo.
Los 7 Domingos continúan preparando la solemnidad de san José, ayudando a los fieles a contemplar, domingo tras domingo, los dolores y gozos de quien «con el Niño en brazos, cruza el umbral del Templo para entregarlo, sabiendo que, en realidad, es Él quien lo sostiene».