Fotografía: Catedral de Barcelona
Más de 1.600 fieles han participado este domingo en la solemne celebración del Corpus Christi en el Pla de la Seu. La misa ha sido presidida por el deán de la Catedral de Barcelona, Mn. Santiago Bueno, mientras el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella, y los obispos auxiliares se encontraban en Madrid para recibir al Santo Padre en el marco de su visita a España. La celebración se ha unido espiritualmente a este acontecimiento bajo el lema compartido «Alça la Mirada».
Entre las autoridades presentes se encontraban el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya, Ramon Bassas; el teniente de alcaldía de Prevención, Seguridad, Convivencia y Régimen Interior del Ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle, y la delegada diocesana del Arzobispado de Barcelona, Margarida Bofarull, entre otros representantes institucionales y eclesiales.
Un mismo gesto que une veinte siglos de cristianismo
En su homilía, Mn. Santiago Bueno invitó a los fieles a imaginar las primeras comunidades cristianas reunidas después de la resurrección de Jesucristo. A través de una evocación llena de simbolismo, el deán describió a los discípulos reunidos para orar, recordar las palabras del Maestro y compartir los recuerdos vividos a su lado.
«Después unos y otros toman la palabra recordando momentos y palabras de Jesús», explicó, invitando a los asistentes a contemplar aquella escena «a través de un espejo mágico». Partiendo de esta imagen, Mn. Bueno subrayó la continuidad de la fe cristiana a lo largo de los siglos. «A pesar del tiempo y de los cambios que han pasado, seguimos haciendo lo mismo», afirmó, invitando a imaginar a los apóstoles observando una celebración eucarística actual y descubriendo que, dos mil años después, los cristianos continúan reuniéndose fielmente en torno a la Eucaristía.
El deán recordó también la antigua tradición del Corpus en Barcelona y el papel destacado de la Catedral, una de las primeras de Europa en celebrar esta solemnidad. En este sentido, destacó que los fieles no solo tienen el don de recibir el Cuerpo de Cristo en la comunión, sino también de venerarlo y adorarlo públicamente durante la procesión. «La veneración de la procesión nos permite adorarlo más allá de la comunión», señaló.
Eucaristía y caridad, dos dimensiones inseparables
En la parte final de su predicación, Mn. Bueno recordó que la solemnidad del Corpus Christi es también el Día de la Caridad. Por ello, exhortó a los fieles a dejarse transformar por el amor que brota de la Eucaristía y a acercarse a quienes más sufren.
«Pedimos al Señor que nos haga sensibles ante los pobres, los enfermos, los abandonados y todos aquellos que han tenido que migrar», afirmó.
«Con la Eucaristía nos unimos a Jesucristo y, con esta unión, nos convertimos en caridad hacia nuestros hermanos», concluyó.
La tradicional procesión por las calles de Barcelona
Finalizada la celebración eucarística, tuvo lugar la tradicional procesión de Corpus por las calles del centro histórico de Barcelona. El Santísimo Sacramento fue portado en la custodia gótica del siglo XIV, situada sobre el trono del rey Martí l’Humà.
El Cuerpo de Portadores del Santo Cristo transportó la custodia sobre unas andas, bajo el palio también llevado a hombros, mientras el cortejo religioso y popular acompañaba el recorrido por las calles y plazas de la ciudad.
La procesión pasó por la plaza Nova, la calle dels Arcs, la calle de Cucurulla, la plaza de la Cucurulla, la calle del Pi, la plaza de Sant Josep Oriol, la plaza del Pi, la calle del Cardenal Casañas, la Rambla, la calle de Ferran, la plaza de Sant Jaume y la calle del Bisbe. Como es tradición en los últimos años, el cortejo realizó una parada de oración en los altares instalados en las iglesias del Pi y de Sant Jaume.
De regreso, el bestiario festivo y popular que había encabezado el recorrido rindió homenaje al paso de la custodia. Los Falcons de Barcelona levantaron una figura en honor al Santísimo, mientras que uno de los momentos más emblemáticos de la jornada fue el baile de la Águila de la Ciudad y de los Gigantes de la Ciudad ante la custodia.
La bendición solemne con el Santísimo y el canto del Virolai por parte de todos los fieles pusieron el punto final a una celebración que, un año más, ha unido fe, tradición y cultura en el corazón de Barcelona.