La Archidiócesis de Barcelona clausura el Año Jubilar de la Esperanza y el Plan Pastoral «¡Salgamos!»

Una celebración presidida por el cardenal Omella marca el final de ocho años de camino pastoral y abre un nuevo tiempo de misión y esperanza para la Archidiócesis

29 Dic, 2025
Montse Punsoda

Fotografies: Agustí Codinach

La Catedral de Barcelona ha acogido este domingo 28 de diciembre, en el marco de la fiesta de la Sagrada Familia, la celebración de clausura del Año Jubilar de la Esperanza y del Plan Pastoral Diocesano «Sortim!», que durante ocho años ha marcado el camino pastoral de la Archidiócesis de Barcelona.

La celebración fue presidida por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan Josep Omella, y concelebrada por los obispos auxiliares Mons. David Abadías y Mons. Javier Vilanova, junto con el Cabildo de la Catedral y un gran número de presbíteros diocesanos, entre los que destacaban los arciprestes de las distintas zonas pastorales. Participaron también representantes de los arciprestazgos y, de manera especial, los miembros de la Comisión del Plan Pastoral.

«La puerta jubilar se cierra, pero la misión se abre»

En su homilía, el cardenal Omella subrayó el carácter profundamente eclesial y familiar de la celebración, recordando que la Catedral, como Iglesia Madre, acogía a una comunidad que peregrina unida, como Pueblo de Dios, en la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret.

El arzobispo destacó que el Año Jubilar de la Esperanza ha sido para la Archidiócesis «una verdadera escuela de esperanza», vivida en medio de una sociedad marcada por la incertidumbre, las desigualdades y la falta de horizontes, pero también iluminada por signos esperanzadores, como la búsqueda de sentido y de trascendencia entre los jóvenes. Recordó que la esperanza cristiana no es una idea abstracta, sino una virtud teologal que nace del corazón mismo de Dios y que tiene en Cristo su fundamento.

El cardenal Omella recordó que la clausura del jubileo no puede significar un regreso a “como antes”. Tal como afirmó, «la puerta jubilar se cierra, pero la Iglesia no puede vivir con las puertas cerradas». La esperanza recibida —dijo— compromete a la Iglesia a salir, a tocar las heridas del pueblo y a ser una voz profética en defensa de la dignidad de toda persona. «Si después de este tiempo seguimos viviendo igual —advirtió—, algo se nos ha escapado».

Ocho años del Plan Pastoral «Sortim!»: un impulso que continúa

La celebración sirvió también para dar gracias por los ocho años del Plan Pastoral Diocesano «Sortim!», que ha coincidido con el camino sinodal y con el proceso de reestructuración pastoral de la Archidiócesis. El cardenal Omella agradeció el esfuerzo y la generosidad de parroquias, comunidades, movimientos, vida consagrada, ministros ordenados, agentes de pastoral y familias, destacando que nada de lo vivido ha sido en vano.

Recordó los cinco ejes del Plan Pastoral —la fraternidad, los jóvenes, los pobres, el discernimiento y el anuncio explícito del Evangelio—, todos ellos culminados en el eje central: el encuentro con Cristo, principio y fundamento de toda acción evangelizadora. «Esperanza y misión —concluyó— son las dos claves que nos llevamos de esta clausura».

El cardenal Omella insistió en que, aunque se cierre el Plan Pastoral «Sortim!», no se cierra en absoluto el impulso misionero de la Archidiócesis. Tal como expresó, «hoy cerramos un plan pastoral, pero no cerramos el impulso misionero; esperanza y misión son las dos claves que nos llevamos al final de esta clausura del Año Jubilar y del Plan Pastoral».

El símbolo del camino recorrido y del futuro abierto

Al final de la celebración, Andreu Ibarz, responsable de la Comisión Diocesana del Plan Pastoral, intervino para situar el Plan «Sortim!» entre dos tiempos jubilares: el Año Jubilar extraordinario de la Misericordia, en el que nació y se elaboró, y el Año Jubilar de la Esperanza, que ha reforzado su núcleo esencial: «Cristo en el centro». Ibarz destacó que, más allá de un texto, el Plan ha sido un impulso a la conversión pastoral de toda la Archidiócesis.

En este contexto, se realizó un gesto simbólico con la entrega de una Memoria-Compendio del Plan Pastoral al cardenal Omella, quien posteriormente la entregó a los representantes de los distintos arciprestazgos, como signo del camino compartido y de la continuidad de los ejes pastorales en el futuro.

Antes de concluir, el cardenal insistió en que, aunque se cierre el Plan Pastoral, la Iglesia de Barcelona está llamada a seguir “saliendo”, siendo «testigos de esperanza en medio del mundo», con la confianza de que «Dios siempre tiene la última palabra».

Como recuerdo y signo de envío, se entregó a los asistentes un marcapáginas con la flor del panot, logotipo del Plan Pastoral «Sortim!». Tal como explicó el arzobispo, este marcapáginas es también una semilla, llamada a ser plantada para que dé fruto, como expresión de que el camino recorrido no termina, sino que continúa en la vida y en la misión cotidiana de toda la comunidad diocesana.

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