«Hacia una Iglesia más evangelizadora»

Carta del cardenal Juan José Omella al Pueblo de Dios que peregrina en la Archidiócesis de Barcelona

17 Jun, 2021
Església de Barcelona

 

Barcelona, 17 de junio de 2021

 

Queridos hermanos y hermanas:

Me vienen a la mente las palabras del profeta Isaías: «No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio ‒oráculo del Señor‒, tu libertador es el Santo de Israel» (Is 41,14).

Nosotros, miembros del pueblo de Dios, enviados por Cristo a evangelizar nuestro mundo, nos sentimos pequeños y, a veces, con miedo. Pero estas palabras del profeta Isaías nos ayudan a reconocer lo que somos y nos ayudan a poner nuestra confianza en el Señor, dueño de la viña y de la mies, Creador y Señor de todo lo que existe. Y nos recuerdan también que cuando hacemos pequeñas cosas, si las hacemos con amor y entrega generosa, Dios les da la fuerza necesaria y frondoso crecimiento.

Creo que, a través de distintos medios, os ha llegado el documento «borrador» con los criterios para empezar a trabajar todos juntos, sinodalmente, en la definición de las medidas necesarias para avanzar en la reorganización territorial de nuestras estructuras diocesanas con el fin de mejorar nuestra acción evangelizadora en la sociedad.

Este proceso responde a la invitación formulada por el papa Francisco en su documento programático Evangelii gaudium (EG). En el número 27 nos lanza su sueño que también es el nuestro:

«Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral solo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad».

Desde que llegué a esta querida archidiócesis son muchos los sacerdotes y las comunidades parroquiales que me han transmitido la necesidad de iniciar un proceso de reorganización territorial de la acción pastoral y evangelizadora. De hecho, no es algo nuevo, ya que otras diócesis urbanas de Europa (por ejemplo, Milán y París) y de otros continentes han realizado o están realizando este proceso.

Además, desde el Consejo Episcopal de la Diócesis, desde los arciprestazgos, como desde los distintos Consejos Diocesanos y otras instancias de evangelización, se nos sugirió la necesidad de adaptarnos a las circunstancias del mundo de hoy tan cambiante, contando mucho con la gente, con los bautizados (seglares y religiosos), dándoles responsabilidad en los distintos niveles de participación. Dice el Papa: «Invito a todos a ser audaces y creativos en esa tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades» (EG 33).

Por todos estos motivos hemos iniciado este proceso, necesario y apasionante. Sin embargo, sabemos que todo proceso de reforma genera dudas, tensiones y resistencias. Lamentablemente, han circulado algunas noticias falsas sobre este proceso de reestructuración pastoral. Podéis acceder a la Nota del Arzobispado donde se desmienten algunas de estas noticias falsas como la que decía que se iban a cerrar 160 parroquias en Barcelona.

Esas noticias falsas han querido hacer ruido, pero se han quedado en un viento pasajero que no impide descubrir la semilla de esperanza que brota de este proyecto. Realmente podríamos hacer nuestras las hermosas palabras del profeta Isaías: «Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,19). Palabras llenas de esperanza y que están aflorando en esta querida archidiócesis.

Este camino de reforma misionera que hemos iniciado juntos bajo la guía del Espíritu Santo afecta a la parroquia que, como nos recuerda el papa Francisco, «aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora», es «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas.» (EG 28). Y añade:

«La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de comunión, de participación, y se orienten completamente a la misión» (EG 28).

Este proceso sinodal de reorganización y reforma afecta de manera particular a la organización territorial y funcional de las parroquias. Sin embargo, desde la diócesis también hemos iniciado un proceso de reorganización de otras instituciones y fundaciones diocesanas con el fin de hacerlas más evangelizadoras y que esperamos que, poco a poco, irá dando sus frutos.

Además del documento «borrador» con los criterios para empezar a trabajar sinodalmente en la reorganización territorial de nuestras parroquias, antes mencionado, se ha elaborado también otro «borrador» con una propuesta de mapa de cómo podría quedar la reorganización territorial de las parroquias en un futuro.

En todo caso, vuelvo a recordar que los dos documentos elaborados solo son «borradores» que proponemos para iniciar un debate a nivel interno dentro de los arciprestazgos y de las parroquias. Un debate que debe mirar hacia el futuro y tener en cuenta la opinión de los laicos y los consagrados, así como tomar en consideración las singularidades sociales y culturales de los diversos territorios de la diócesis para poder asegurar una acción evangelizadora y misionera de conjunto. A tal efecto, se ha enviado un cuestionario a las parroquias para que cada comunidad lo responda.

No hay nada preconcebido ni se quiere imponer nada. Lo que se ha enviado es sencillamente un documento de trabajo para que, en cada arciprestazgo, unidad de base de la pastoral en comunión, podáis hacer las correcciones y las propuestas que creáis oportunas. No se trata de criticar el documento, de ver falsas intenciones, de pensar que es un juego que viene de arriba para imponer lo que unos hermanos ‒que han elaborado estos documentos mártires‒ han pensado que tiene que llevarse a cabo «sí o sí». Es un sencillo trabajo, mejorable, por supuesto, ya que puede contener errores, pero a partir del cual podemos y debemos trabajar por responsabilidad, por amor a nuestra comunidad cristiana y por ser fieles al mandato del Señor de «llevar la Buena Nueva del Evangelio» a todos los rincones de nuestra sociedad.

Permitidme compartir con vosotros un texto del Concilio Vaticano II que puede ser objeto de nuestra meditación:

«Aunque la Iglesia, por la virtud del Espíritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor y nunca ha cesado de ser signo de salvación en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañen a la difusión del Evangelio. De igual manera comprende la Iglesia cuánto le queda aún por madurar, por su experiencia de siglos, en la relación que debe mantener con el mundo. Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de “exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia”» (Gaudium et spes 43,6).

Y para poder realizar esa purificación y renovación es necesario que cuidemos especialmente:

Las estructuras, si bien son necesarias, no son lo fundamental para poder evangelizar. Lo más importante es el alma, el espíritu, la pasión (el ardor). «El hombre contemporáneo escucha más a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros es porque son testigos» (Evangelii nuntiandi 41). No hay renovación exterior eficaz sin conversión interior. Sin abandonar la problemática de las estructuras, tenemos que fomentar más el espíritu misionero y de comunión con Cristo y con los hermanos, una comunión que nace de la Eucaristía, que es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (Lumen gentium 11), para poder llevar a cabo la misión evangelizadora que nos ha confiado el Señor y que es el fin último de la Iglesia.

Este trabajo sinodal de reforma que hemos iniciado, con el fin de reorganizar las estructuras territoriales de evangelización, lo queremos realizar en el marco del Plan Pastoral Diocesano ¡Salgamos!, con sus ejes de la fraternidad y los jóvenes, el de los pobres que acompaña este curso y el del discernimiento que iniciaremos en el próximo.

Providencialmente, esta iniciativa se ha visto acompañada por la convocatoria por el Santo Padre de la Asamblea General del Sínodo de los Obispos bajo el lema: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, que el próximo 17 de octubre iniciará su fase diocesana.

Deseo y os pido a todos que os unáis gozosos a estas iniciativas que vienen de la Santa Sede y de la Diócesis con el fin de evangelizar mejor y dejar ya preparado un camino más llano para los futuros evangelizadores, donde las estructuras estén al servicio de la evangelización.

Con mi afecto y bendición,


† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

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