«La mejor manera de transmitir la fe es vivirla, mostrarla con la vida. A mí me han marcado más los testigos y la alegría de personas concretas que las grandes explicaciones. Cuando ves que una persona es feliz de verdad atrae; y vivir cerca de Dios seriamente hace feliz. Cuando se vive la fe de verdad, se encomienda». Así es como la arquitecta Mariola Borrell, que dirige el centro juvenil Carena, considera que se puede conectar mejor con los jóvenes. Mariola participó en las 53 Jornadas de Castelldaura, que reflexionaron sobre cómo mejorar la acogida de los jóvenes.
¿Hay que adaptar el mensaje a los jóvenes y la manera de hacerlo llegar?
Sí, aunque principalmente la fe se transmite con la vida, es importante, y más con los jóvenes, el lenguaje cuando hablamos. Nos puede ayudar seguir el ejemplo del Santo Padre: no hablar de deberes, sino de deseos; no utilizar siempre las mismas palabras, sino escuchar más los jóvenes para adaptarse a ellos; no dar lecciones, sino abrir los ojos para aprender de los jóvenes y comprenderlos…
En las jornadas contaste que era para ti la fe y la vocación…
Quería transmitir cuatro ideas que me parecen fundamentales: familia, alegría, oración y testimonio. La familia es clave en la transmisión de la fe; la alegría es lo que hace que se encomiende; la oración es el lugar de encuentro con Dios -los cristianos creemos en una persona viva, con quien podemos hablar !; y el testigo: la fe no se explica, se contagia.
¿Cómo trabajas con los jóvenes y los animas en el camino de la fe?
Disfruto y aprendo mucho trabajando con jóvenes. Anima mucho ver que la Iglesia es joven. Aquí trabajamos, como un apoyo a la familia, a través de la formación personal y de actividades muy variadas -estudio, solidaridad…-, para que cada uno descubra que la fe no es algo lejano, sino que puede formar parte de la su vida ordinaria.
Entrevista realizada por Òscar Bardají Martín para el Full Dominical del 18 de febrero