Empieza la nueva edición de los cursos para los responsables de las actividades de ocio

180 chicos y chicas participarán en los cursos intensivos, que tendrán lugar hasta el 30 de agosto, en las casas de colonias que la Fundació Pere Tarrés

20 Ago, 2022
Montse Punsoda

Una cincuentena de jóvenes de centros de esplai se han marchado este viernes en autocar hacia la casa de colonias de La Ruca en Avinyó (Bages) y el albergue La Sala en La Pobla de Lillet (Berguedà) para participar en la formación de ocio que la Fundación Pere Tarrés ofrece de forma residencial e intensiva todos los agosto. El domingo, se sumarán 130 chicos y chicas que harán el curso de monitores y monitoras de ocio. Así pues, este año unos 180 jóvenes participarán en alguna de estas formaciones, lo que representa un 17% más que en 2021.

Mario Rodríguez y Ramon Güell, del Grupo de Colonias y Campamentos Casp (GCCC), son algunos de los jóvenes que hoy se han subido al bus para participar en la formación de directores y directoras de ocio. “Hicemos el de monitores y fue útil y con recursos suficientes. Ahora hacemos éste para acabar de redondearlo”, explica Rodríguez. A Güell, le motiva poder transmitir aquello con lo que tanto ha disfrutado cuando era niño. “Nosotros lo hemos vivido como niños y, para mí, supone como algo muy importante de cuando crecí. Poder hacer que gente siga disfrutando de esto, me parece una gran oportunidad”, defiende.

Txell Batlle, que está en el equipo pedagógico del centro del esplai Estel, cree que el curso de directora de ocio es una oportunidad para seguir formando. Como su compañera Mercè Llesterri, este verano han asumido más responsabilidades en su centro de esparcimiento. Esto, coinciden, les ha impulsado a participar en esta formación residencial, donde durante unos días convivirán y compartirán talleres teóricos, prácticos, actividades y experiencias con otros jóvenes de toda Cataluña del Movimiento de Centros de Esplai Cristianos Catalanes (MCECC) de la Fundación Pere Tarrés, a la que van dirigidas estas formaciones.

Recuperar la normalidad

Ramón Güell realizó el curso de monitores en 2020, el primer verano de la pandemia de la Covid-19, un año marcado por las restricciones de movilidad e interacción. Este año, después de dos años, en cambio, éste será el primero que se podrá hacer sin mascarilla ni limitaciones de personas o grupos burbuja.

“Son monitores que no han vivido un esparcimiento en normalidad porque ya hace tres cursos que estamos afectados por la pandemia de la cóvido. Por eso, estos cursos residenciales adquieren mayor relevancia porque pondrán en común todo lo que han vivido y podrán trabajar en qué esparcimiento post-pandemia queremos”, asegura el vicepresidente del MCECC, Joan Morte.

Marta Arnau lleva toda una vida dedicada a los centros esplai: primero como niña que participó, después como monitora y también ha estado en el consejo ejecutivo del MCECC. Ahora, es la primera vez que hará de profesora en los cursos residenciales, un reto que toma con mucha ilusión. «Es verlo desde otra perspectiva», apunta. Es consciente de que en los últimos dos años los monitores y monitoras han perdido energía porque no se han podido realizar encuentros presenciales, pero cree que esto se empezará a recuperar con las formaciones residenciales que sirven para tejer vínculos entre los jóvenes. «Este curso hace mucha y piña y más ahora que venimos de dos años de pandemia», añade Arnau.

El incremento de las inscripciones en los cursos de monitores y monitoras es un síntoma de esta necesidad de recuperar las relaciones, después de las restricciones de socialización impuestas en los últimos dos años para frenar la pandemia de la cóvid-19. Este año han aumentado un 17% el número de participantes en esta formación, por lo que la Fundación Pere Tarrés ha ampliado el número de grupos y plazas para atender a estas peticiones.

Unas relaciones sostenibles: la alternativa en el Planeta Piruleta

Cada año, los cursos residenciales están marcados por un eje temático y el de este año lleva por nombre el Planeta Piruleta, una metáfora del mundo en la que vivimos marcado por el consumismo, las relaciones virtuales y efímeras. Dulce y de un rojo relámpago, la piruleta despierta del deseo de devorarla y, en el acto, comer otro.

En cambio, la propuesta de los cursos residenciales es crear un mundo más sostenible, pero no sólo con el medio ambiente, sino también cómo nos relacionamos con las demás personas. Así pues, el eje central transmite la necesidad de crear relaciones más cercanas, humanas, estables, duraderas tanto con el medio ambiente como las personas en lugar de vínculos efímeros y virtuales con otros seres humanos o de mantener un contacto de degradación y destructivo con el entorno natural.

Este eje central de la formación, es una realidad que se ha empezado a constatar desde los centros de esparcimiento. “El ocio educativo trae muchas herramientas que creo que son muy necesarias para los niños, sobre todo, en este mundo donde, cada vez más, nos están enseñando a utilizar los ordenadores y las pantallas para encontrar recursos o relacionarnos. El ocio educativo te trae una vista más humana”, resalta Mario Rodríguez del GCCC.

También estas relaciones sostenibles cobran vital importancia después de dos años de pandemia. “Todos hemos quedado muy tocados y, esto, ha afectado a la salud mental. En cursos como estos, los jóvenes pueden encontrar el espacio para explicar cómo se sienten y compartir cómo debemos trabajar de manera más humana estas relaciones dentro de los centros de esparcimiento y con los niños”, defiende Morte.

Contenidos de la formación que se impartirá

En total, una quincena de docentes de la Fundación Pere Tarrés impartirán talleres y formaciones en áreas como la educación emocional, la interculturalidad, la resolución de conflictos, psicología, educación ambiental, primeros auxilios, recursos de animación, gestión y el marco legal .

Estos cursos son un espacio de convivencia y formación, en los que los jóvenes recibirán clases magistrales, pero también realizarán sesiones prácticas y trabajarán en pequeños grupos. Esto permitirá que tanto los participantes como los profesores puedan debatir, compartir experiencias y reflexionar en torno al ocio educativo.

La relevancia del ocio educativo

Joan Morte, vicepresidente del MCECC, resalta la importancia que tiene el ocio educativo para los niños, adolescentes y jóvenes, ya que pueden aprender y adquirir valores que no se transmiten en las aulas a la vez que se quiere enseñar a los niños que sean críticos con la sociedad en la que viven. Por eso, uno de los puntos clave de estas formaciones residenciales es que los jóvenes tengan los elementos para despertar esta conciencia reflexiva y crítica entre los niños y niñas. «En este curso lo que intentamos es que sus participantes copsen todo esto, lo esquematicen, se metan muchas ideas en la cabeza y que, también, compartan experiencias para que su trabajo en red sea más enriquecedor y provechoso», señala Morte.

Los y las jóvenes que ahora se formarán como directores de ocio, también destacan sus beneficios. “Al final es muy diferente las relaciones que puedas hacer en la escuela porque vas de colonias, de campamentos y aprendes a convivir con gente muy diferente a ti, seguramente, de realidades sociales distintas porque son de diferentes escuelas. Aprendes de una forma más divertida y entretenida”, explica Mercè Llisterri, del centro de esparcimiento Estel.

“Cuando llevas muchos años en el mundo del ocio, tanto como niño o monitor o monitora, aprendes un montón de cosas. A mí me ha cambiado la vida. He aprendido a tocar la guitarra, he hecho muchos amigos y amistades y, a mí, me gusta mucho aprender de la montaña o muchas cosas que fuera del mundo del ocio no he aprendido”, defiende Mariona Cluet, también del GCCC.

Más de 60 años formando monitores

Por tanto, el verano no sólo es tiempo de colonias o vacaciones sino que los monitores ponen también el acento en formarse y poder prepararse para poner en marcha el nuevo curso de esparcimiento en septiembre. Los cursos son un espacio también donde se genera una red de complicidad entre los monitores para poder enriquecerse entre los diferentes centros de esparcimiento intercambiando ideas y conocimientos.

Para la Fundación Pere Tarrés, contar con monitores y monitoras formados es fundamental dado que desarrollan una tarea con mucha responsabilidad. Por estar muy cercanos a los niños y adolescentes; por la relación de cariño y respeto que se genera; y por la intensidad con que se viven las experiencias en verano, los monitores y monitoras son agentes transformadores de nuestra sociedad y de nuestro país.

El Movimiento de Centros de Esplai Cristianos Catalanes (MCECC) de Fundación Pere Tarrés es una federación que agrupa a más 200 centros de esparcimiento de las diócesis de Barcelona, ​​Terrassa, Sant Feliu de Llobregat, Lleida, Solsona, Tarragona, Tortosa, el Urgell y Mallorca. Los centros de esparcimiento del MCECC acogen a más de 22.000 niños, adolescentes y jóvenes, gracias a la labor educativa y voluntaria de más de 4.200 monitores.

Font: Fundació Pere Tarrés

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