El Ateneo Universitario Sant Pacià (AUSP) celebró del 19 al 21 de febrero la segunda parte del Congreso Internacional Concilio de Nicea (325). Historia y recepción. Este año se centró en el contexto histórico-cultural del siglo IV y, sobre todo, en su importancia para la teología. Muchos de los cambios que se produjeron en Nicea perduran desde entonces hasta hoy. El profesor Juan Ramón La Parra, director del Departamento de Teología Sistemática de la Facultad de Teología de Cataluña, ha coordinado el Congreso.
¿Por qué fue tan importante para el futuro de la Iglesia el Concilio de Nicea?
El Concilio de Nicea, convocado por el emperador Constantino en el año 325, poco después del fin de las persecuciones a los cristianos, fue el primer Concilio ecuménico, involucrando a toda la Iglesia. Presenta elementos dogmáticos, como el Credo, y disciplinarios, como los cánones que hablan de la organización eclesial. Por tanto, supuso un elemento clave para las diversas confesiones cristianas.
¿Qué aportaciones se hicieron entonces y que se han mantenido?
El Concilio afirmó que Jesucristo es Dios como lo es el Padre: consustancial, de la misma naturaleza. La afirmación de la divinidad de Jesucristo tiene una implicación directa en el significado de nuestra oración, la vida sacramental de la Iglesia y la comprensión de la relación de Dios con el mundo. Esto tardó décadas en ser aceptado, pero hoy constituye un punto fundamental de nuestra fe, junto con la afirmación de la integridad de la humanidad de Cristo. El verdadero Dios se ha hecho verdaderamente hombre.
¿Qué ha aportado este Congreso de este año?
Este centenario ha llevado al mundo académico cristiano a centrarse en la figura de Jesucristo tal como se ha perfilado a lo largo de los siglos. Nosotros queremos mostrar en nuestra casa cómo este perfil es significativo para el debate teológico actual, incluyendo aspectos como la liturgia o el ecumenismo, junto con aportaciones que van desde la filología hasta la arqueología.