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El arzobispo de Barcelona preside la celebración en la Residencia San José Oriol subrayando el testimonio silencioso y fecundo de los sacerdotes residentes
Fotografía: Agustí Codinach
El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, ha presidido este lunes la celebración de la Eucaristía con motivo de la festividad de San José Oriol en la residencia sacerdotal de la provincia eclesiástica de Barcelona. Una jornada marcada por el legado de San José Oriol y por el agradecimiento y reconocimiento a los presbíteros residentes.
En la celebración concelebraron el obispo de Terrassa, Mons. Salvador Cristau; el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Mons. Xabier Gómez, y los obispos auxiliares de Barcelona, Mons. Javier Vilanova y Pellisa y Mons. David Abadías.
En su homilía, el cardenal recordó la figura de San José Oriol como «presbítero humilde y entregado, hijo de esta tierra catalana». Destacó su vida como «un reflejo luminoso del amor de Dios hacia los más pobres y necesitados». Tal como afirmó, «no necesitó hacer cosas extraordinarias, sino vivir extraordinariamente lo ordinario».
Testimonio silencioso y fiel de los presbíteros mayores
Dirigiéndose especialmente a los sacerdotes residentes, el cardenal Omella puso de relieve el valor de la fidelidad a lo largo de los años de ministerio, asegurando que «la verdadera grandeza del sacerdote no se mide por el reconocimiento, sino por la fidelidad: fidelidad en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo escondido». Asimismo, señaló que esta etapa de la vida sacerdotal «no se apaga, sino que se transfigura», como un tiempo «fecundo desde la oración y el testimonio».
En este contexto, destacó la importancia del testimonio silencioso de los presbíteros mayores, afirmando que «vuestra sola presencia ya es una predicación» y que su oración perseverante «sostiene a la Iglesia más de lo que podemos imaginar».
Tomando como referencia la vida de San José Oriol, el cardenal propuso tres actitudes para vivir este tiempo con sentido: la memoria agradecida, la ofrenda silenciosa y la esperanza. Así, invitó a los presentes a «mirar la propia vida como historia de salvación», a «vivir la entrega en lo cotidiano» y a mantener la confianza en la promesa de Dios.
«La Iglesia os contempla hoy con veneración y gratitud. Sois testigos de una fidelidad que no pasa, signos vivos de la presencia del Buen Pastor en medio del pueblo». Con estas palabras de reconocimiento hacia los presbíteros presentes, Omella expresó su cercanía y los encomendó a la intercesión de San José Oriol.