Card. Omella: «Vivamos en generosidad el olvido de nosotros mismos y dejémonos llevar por Cristo hasta su Pascua»

En la fiesta del Miércoles de Ceniza el arzobispo de Barcelona recuerda las tres R para andar durante la Cuaresma: «rezar, reconciliarse y rasgar los corazones»

«La ceniza nos recuerda que somos polvo y que debemos convertirnos más y vivir en el Evangelio, para encontrar el gozo y la luz que nos lleva hacia la Pascua». Así lo dijo el arzobispo de Barcelona, Card. Joan Josep Omella, en la homilía de la celebración del Miércoles de Ceniza, en la Catedral de Barcelona. Con estas palabras invitaba a los fieles a andar en este inicio de Cuaresma, comprometidos con la conversión y preparándose para vivir los misterios de la Semana Santa.

La Catedral de Barcelona quedó llena de los fieles que asistían a esa fecha señalada del calendario litúrgico. Un miércoles marcado por la ceniza, que recuerda el inicio de los cuarenta días de Jesús por el desierto. El cardenal Omella presidió la celebración acompañado del Capítulo de la Catedral, con quien previamente cantó las Vísperas en el corazón de la catedral.

«¿Hacia dónde quiero ir? ¿Por dónde debo ir? ¿Cuál es el itinerario? ¿Por dónde caminar?» Esta batería de preguntas las arrojó a los fieles el cardenal Juan José Omella, invitándoles a plantear cómo realizar este trayecto de la Cuaresma a la Pascua. Un camino que el arzobispo iluminó explicando tres requisitos clave para vivirlo y explicándolos de tú a tú, con familiaridad y cercanía. Tal y como dijo, «las tres «r» de la Cuaresma»: rezar, reconciliarse y rasgar los corazones.

Rezar

El arzobispo de Barcelona advirtió ante la importancia de la oración. «No es hacer yoga, o ejercicios de relajación – decía haciendo alusión a las modas de hoy –, porque cuando rezamos el centro es Cristo». «No tenemos una fotografía del mar relajante, sino la cruz de Cristo». «En nuestra vida todo comienza con Cristo. Él es Alfa y Omega», dijo con convicción. Para llevar a cabo esta oración insistió en la escucha. Tal y como hizo Jesús en el desierto, estar abiertos a lo que nos pide el Señor.

«En nuestra vida todo comienza con Cristo. Él es Alfa y Omega»

Reconciliarse

«En este tiempo cuaresmal debemos adentrarnos en el misterio de amor de Dios y contemplar nuestro pecado». El cardenal invitó, en segundo lugar, a «reconciliarse con Dios». Tal y como dijo «la Cuaresma debe ser un renovado aprendizaje de amor y un tiempo para reconciliarnos con Dios y pedirle perdón por nuestros pecados». Una actitud necesaria para «transparentar su amor y su misericordia en medio del mundo».

«La Cuaresma debe ser un renovado aprendizaje de amor y un tiempo para reconciliarnos con Dios»

«Rasgar» los corazones

«Si hay reconciliación, hay unos corazones rasgados». En este sentido, el arzobispo de Barcelona expuso cómo, «solo sacándonos las capas que rodean el corazón, como si se tratara de «cebollas» -ejemplificaba-, y abriendo el corazón, podemos encontrar a Jesucristo. «Hay que hacer un trabajo de despojamiento permanente, salir del propio yo, porque el corazón es la tierra donde se aloja el Señor». Para ello advirtió que es necesario «olvidarse de uno mismo y vivir plenamente el amor, la misericordia con los hermanos». Una vía que nos dirige al «ayuno y limosna». Por un lado, el ayuno «como renuncia y salida del egocentrismo» y, por otro, la limosna «como caridad hacia los hermanos».

«Vivamos en generosidad el olvido de nosotros mismos y dejémonos llevar por Cristo hasta su Pascua», exhortó. Cluyendo sus palabras, el cardenal Juan José Omella invitó a aceptar las «negociaciones» que el Señor pide, «desechos momentáneos para sentirse más ligero y vivir con apasionamiento la aventura de andar con Cristo», consagrados con él.

Después de la homilía, Omella bendijo la ceniza y, a continuación, se hizo la imposición de ésta a los fieles diciendo: «Conviértete y cree en el Evangelio».

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