
«Octubre, mes misionero»
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La celebración del Tiempo de la Creación reúne en Santa Anna a diferentes confesiones cristianas y pone el foco en el agua como fuente de vida y bien común
La iglesia de Santa Anna de Barcelona ha acogido la Celebración ecuménica del Tiempo de la Creación 2026, que este año, bajo el lema «Agua Viva», ha situado el agua en el centro como fuente de vida, bien común y símbolo de renovación.
El acto ha convocado a miembros de diferentes confesiones cristianas en una misma acción de gracias y responsabilidad hacia la Creación, en una celebración que ha unido oración, conversión ecológica y compromiso con el cuidado de la casa común. Tal como apunta la responsable de Ecología Integral del Arzobispado de Barcelona, Maria Bargalló, «el agua es un bien común imprescindible que hay que proteger y compartir, especialmente ante situaciones de escasez, contaminación y desigualdad en el acceso».
En el acto han participado representantes de las iglesias ortodoxas griega y serbia, de diferentes comunidades evangélicas y anglicanas y de la Iglesia católica. Una dimensión ecuménica que, según Bargalló, responde a una «responsabilidad compartida». «Ante los retos ambientales no hay fronteras confesionales. Todos compartimos la misma casa común y todos estamos llamados a cuidarla», expone. En este sentido, apunta que el ecumenismo permite ofrecer también «un testimonio compartido ante la sociedad».
Durante la oración ecuménica, acompañada por la música, el agua ha actuado como hilo conductor, desde la acción de gracias por su don hasta los gestos de lamento, intercesión y compromiso.
La celebración se ha iniciado con la acogida de Mn. Peio Sánchez, rector de Santa Anna, que ha dado paso al testimonio de Bauba, de Guinea Conacry, uno de los jóvenes del Hospital de Campaña. El joven ha compartido su camino hasta llegar a Barcelona, marcado por la travesía del desierto sin agua y del mar, situando desde el inicio el agua como fuente de vida y de esperanza.
Uno de los momentos centrales ha sido el signo de las «lágrimas de la Creación». A través de ocho cuencos de agua, los participantes han sido invitados a contemplar simbólicamente las heridas que afectan a la casa común, mientras representantes de las diferentes confesiones han recordado realidades como la contaminación de los ríos y océanos, la sequía o las inundaciones.
Tras la Liturgia de la Palabra, Mn. Peio Sánchez ha invitado a contemplar una Creación que proviene de Dios y que es dada a todos para dar vida, recordando que la casa común es la casa de todos y que todos estamos llamados a cuidarla.
La oración ha continuado con la profesión de fe ecuménica y las plegarias, que han puesto el foco en la contaminación, la escasez de agua y las consecuencias del cambio climático sobre las comunidades más vulnerables. En el tramo final, Mn. Joan Costa, responsable de la Delegación diocesana de Pastoral Caritativa, ha impartido la bendición y el envío con una llamada a «cuidar la creación y trabajar por la justicia».
La celebración ha culminado en el claustro con una acción simbólica alrededor del pozo, donde los participantes han representado el gesto de «sacar el Agua Viva del pozo» y hacerla llegar hasta los cuencos de las «lágrimas de la Creación». Un gesto que, tal como explica Bargalló, «evoca la Fuente de Agua Viva que emana de Dios y supone la posibilidad de renovación, sanación y esperanza».
Bargalló apunta también la dimensión ecuménica y comunitaria de la acción: «Las gotas solo se convierten en un río capaz de sanar la tierra cuando se unen. Por eso, esta acción simbólica quiere recordar que el cuidado de la creación es una tarea que nos compromete juntos».
Más allá de esta celebración, el Departamento de Ecología Integral trabaja para que el cuidado de la casa común forme parte de manera transversal de la vida de las comunidades cristianas. Tal como explica Bargalló, «no se trata simplemente de que la Iglesia haga actividades “verdes”», sino de incorporar el cuidado de la Creación «como una dimensión transversal de su misión».
De cara al curso 2026-2027, se quiere dar un paso más proponiendo que las parroquias y comunidades realicen un autodiagnóstico, constituyan pequeños grupos impulsores y elaboren planes de acción anuales de ecología integral con objetivos concretos. También está previsto reforzar la red de comunidades ecosolidarias y continuar ofreciendo recursos pastorales y litúrgicos a lo largo del curso.
El objetivo, resume Bargalló, es que la ecología integral «forme parte de la vida ordinaria de las comunidades» y no quede reducida «a una actividad puntual o a una campaña».