Santa Úrsula y las santas vírgenes
Santa Úrsula y las santas vírgenes
Santa Úrsula (‘osa pequeña’) y las santas de hoy llegaron a ser suprimidas del Santoral, pero, debido a su culto muy arraigado, aún hoy las conserva.
Posiblemente, la tradición quiere hacer de ellas un homenaje a la virginidad femenina.
Y esta tradición del siglo V nos informa que el padre de la princesa bretona Úrsula la quería casar con el príncipe pagano de Armórica (la actual Bretaña). Ella, que ya había consagrado su virginidad, quería negarse, pero eso suponía la guerra. Para ganar tiempo puso unas condiciones: un plazo de tres años, que se reuniesen diez comparsas de mil doncellas cada una (¿de aquí las "11.000 vírgenes"?) y que el príncipe se bautizara. A la vuelta de un complicado viaje a Roma por el Rin, Úrsula y las compañeras fueron martirizadas en Colonia por los hunos de Atila. En una inscripción latina en la catedral de Colonia leemos: "XI. M. V.", que probablemente dice “11 mártires vírgenes”, y no “11 miles de vírgenes”. En el MNAC se conserva el cuadro de Joan Reixach (siglo XV): “El retablo de las once mil vírgenes”. «Las vírgenes... siguen al Cordero por dondequiera que va» (Ap 14,4).
- En Nicomedia, de Bitinia, santos Dasio, Zótico y Cayo, que eran servidores del emperador Diocleciano y, acusados falsamente de haber incendiado el palacio, fueron condenados a muerte y arrojados al mar con una piedra atada al cuello (303).
- En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de las santas vírgenes que entregaron su vida por Cristo, en el lugar de la ciudad donde después se levantó una basílica dedicada a santa Úrsula, virgen inocente, considerada como la principal del grupo (c. s. IV).
- En la isla de Chipre, san Hilarión, abad, que, siguiendo las huellas de san Antonio, primero llevó vida solitaria cerca de la ciudad de Gaza y después fue fundador y ejemplo de la vida eremítica en esta región (c. 371).
- Conmemoración de san Malco, monje, del que san Jerónimo expuso por escrito el testimonio de su ascesis y de su vida en Maronia, cerca de Antioquía (s. IV).
- En Burdeos, de Aquitania, san Severino, obispo, que, originario de las regiones de Oriente, fue recibido calurosamente por san Amando, que le quiso como su sucesor (s. V).
- En Laon, ciudad de la Galia, santa Cilina, madre de los santos obispos Principio de Soissons y Remigio de Reims (post 458).
- En Lyon, también de la Galia, conmemoración de san Viator, lector, que, discípulo y ministro del obispo Justo de Lyon, siguió a éste en su retiro a Egipto y en su muerte (post 481).
- En Tréveris, de Austrasia, san Vendelino, eremita (s. VII).
- En Marsella, ciudad de la Provenza, en la Galia, san Mauronto, obispo, que fue también abad del monasterio de san Victorca (780).
- En la ciudad de Cortona, en la Toscana, beato Pedro Capucci, presbítero de la Orden de Predicadores, el cual, meditando sobre la muerte, se ejercitó en la vida espiritual y con su predicación exhortó a los fieles a evitar la muerte eterna (1445).
- En Seúl, en Corea, san Pedro Yu Tae-ch’l, mártir, que a los trece años exhortaba a los compañeros de cárcel a aceptar los tormentos, consumando su martirio al recibir cien azotes y ser estrangulado (1839).
- En el lugar de Belencito, cerca de Medellín, en Colombia, beata Laura de Santa Catalina de Siene Montoya y Upeguí, virgen, que, con notable suceso, se dedicó a anunciar el Evangelio entre los pueblos indígenas que aún desconocían la fe en Cristo y fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena (1949).







