Nota esclaridora d’abril de 1976, comunió a la mà

Nota de la Delegación de Pastoral Sacramental y Liturgia

 

La práctica de recibir la Eucaristía en la mano para comulgar había entrado ya hace tiempo en algunas comunidades de nuestra diócesis; esto permite que, en el momento en que la Santa Sede restaura canónicamente esta práctica para toda España, la experiencia realizada sea aprovechable para las personas que quizás ahora querrán adoptarla. Es a partir de esta experiencia que consideramos interesante remarcar los puntos siguientes:

  1. La práctica de recibir la Eucaristía en la mano o directamente en la boca no ha de representar ninguna implicación relativa a la fe en el don eucarístico: la realidad de la presencia del Señor glorioso a través de las apariencias de pan. En las dos prácticas, por tanto, es necesario que resplandezca la adoración de la Eucaristía y el respeto que se le debe en la fe; el hecho de recibirla en la mano en modo alguno invita a banalizar aquello que se recibe, sino que enriquece la expresión del culto con nuevas posibilidades.
  2. La sensibilidad espiritual de los fieles es algo que se ha de respetar por parte de los ministros. No corresponde, por tanto, al ministro la determinación sobre una u otra práctica, sino directamente a cada uno de los fieles. La intervención de la Santa Sede no ha hecho sino equiparar absolutamente las dos prácticas; esta libertad ha de ser mantenida y respetada.
  3. La forma ritual de recibir la Eucaristía en la mano tiene, como todas las formas rituales, una capacidad expresiva que vale la pena valorar y conservar. En este sentido, recordamos lo que dijo la Conferencia episcopal tarraconense con motivo de la Instrucción «Immensae Caritatis» : a…Es necesario que los fieles lo hagan (recibir la Eucaristía en la mano) según la venerable costumbre de la Iglesia de los Padres: parando la palma de la mano para que el ministro deposite en ella el pan sagrado, en actitud de petición del gran don que viene de Dios, y tomando con la otra la Eucaristía para ponerla ellos mismos en la boca». Es mejor que esto se haga allí mismo, retirándose un poco mientras comulga el siguiente. «Conviene recordar la importancia del diálogo, restaurado también hace unos años, en este momento: El Cuerpo de Cristo. Amén. Este acto de fe por parte del fiel que recibe la Eucaristía es muy expresivo y no debe dejarse perder; el ministro de la comunión lo ha de hacer posible, procurando no ir excesivamente de prisa».

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