Norma de 16 de juliol 1973, creació pastoral litúrgia

Creación de la Delegación Diocesana de Pastoral Sacramental y Litúrgica

Los expertos en pastoral, para que la Iglesia pueda acomodarse mejor a la doble dimensión territorial y social del hombre contemporáneo, recomiendan poner a su servicio órganos o servicios de dimensión social de la vida, llamados por algunos órganos funcionales o especializados. Los órganos de ambas dimensiones están llamados a conjugarse y complementarse en una buena pedagogía pastoral, ya que en la vida real de las personas el territorio y los factores supra o extraterritoriales actúan simultáneamente. No es recomendable, pues, ni una pastoral exclusivamente territorial, ni una pastoral exclusivamente funcional, sino que la experiencia aconseja como más útil una coordinación y complementación de ambas dimensiones.
Así se afirma expresamente en la ponencia que sobre “La Zona pastoral” ha elaborado el Consejo Presbiteral; la cual está llamada a ser una ayuda valiosa en la puesta en marcha de las Zonas pastorales recientemente constituidas en la Archidiócesis (Cfr. B. O., 15-VI-73, páginas 346 y 387 y ss.).

Las Zonas pastorales, sin embargo, como también los arciprestazgos, son estructuras interiores a una realidad más amplia y más densa teológicamente, que es la diócesis. Todo el conjunto, por otra parte, está al servicio de los creyentes, para que su fe, su esperanza y su amor puedan ser vividos, profesados y celebrados, y al servicio de todos los hombres, en cuanto destinatarios de la acción misionera de la Iglesia.

De ahí que el Concilio Vaticano II haya sintetizado la acción pastoral del Obispo en la diócesis como la tarea de reunir, con la colaboración de su presbiterio, el pueblo de Dios en el Espíritu Santo, por medio del Evangelio y de la Eucaristía (Cfr. Christus Dominus, n. 11). Porque esta es, ciertamente, la finalidad de todas las estructuras pastorales: que la proclamación de la fe, con signos y palabras, quede asegurada en el tiempo y en el espacio, de suerte que pueda ser captada por los hombres (evangelización); que los creyentes reciban la educación correspondiente de esta misma fe, a través de sus distintas situaciones y a lo largo de toda su existencia (catequesis); que la fe pueda ser celebrada por los sacramentos, especialmente la Eucaristía, no sólo con validez y licitud, sino como acción consciente de la comunidad cristiana, que encuentra, en estos momentos privilegiados de su vida, la acción real del Señor presente y operante a través de los signos de su misterio pascual (Cfr. Const. Sacros. Conc., n. 7) (liturgia).

Estas son las líneas de la acción de la Iglesia, sin las cuales carecería de contenido cualquier estructura pastoral; líneas que necesitan organismos diocesanos eficaces que las promuevan y animen. Así ha sido recordado en el Decreto de constitución de las Zonas, como también en la ponencia del Consejo Presbiteral sobre el mismo tema (Cfr. B. O., 15-VI-1973, págs. 394 y ss.).
En este sentido, primero ha sido dedicada la atención al organismo diocesano que cuida de la educación de la fe: la Delegación Diocesana de Catequesis y Enseñanza. Se está buscando la forma de responder de una manera orgánica a la urgencia de la evangelización, sobre todo en los ambientes obreros y en los intelectuales. Creo que es conveniente proceder ahora a la reestructuración del organismo diocesano que sirve la dimensión sacramental de la vida cristiana: la Comisión de Liturgia, que pasará a ser, desde ahora, Delegación Diocesana de Pastoral Sacramental y Liturgia.

El paso de “Comisión” a “Delegación Diocesana” quiere subrayar la condición de línea básica de la acción pastoral que se reconoce a su objeto; el cambio de nombre expresa claramente que su finalidad no es solamente el cuidado de la celebración en sentido estricto, sino también todo aquello que directamente esté relacionado con ella y condicione su fructuosidad (catequesis pre-sacramental y sacramental, preparación de homilías, experiencias pastorales en relación con los sacramentos etcétera).

Todos los pastores —y los fieles más sensibilizados en la vida de la Iglesia hoy— sabemos de sobra que la pastoral de los sacramentos se ha convertido en nuestros días en un problema de primera línea. Muchos sacerdotes, entre nosotros y en otras comunidades, lo experimentan de una manera personalmente muy viva. El actual Consejo Presbiteral lo puso, en su día, entre los primeros que deberían estudiarse a fondo, a causa de las muchas implicaciones que comporta.

Por otra parte, contamos actualmente en la Iglesia con todo el esfuerzo postconciliar de la renovación litúrgica. Tenemos a disposición y en ejercicio los nuevos libros litúrgicos de la misa, de los sacramentos, de las exequias, de la liturgia de las horas, etcétera. Hay una tarea inmensa a realizar en el campo de la aplicación y la adaptación, de la educación litúrgica, de la creatividad, de la vitalidad, en fin, de las celebraciones litúrgicas.

Todo ello hay que llevarlo a cabo en el ambiente de una opción decidida por una pastoral misionera, en la que la evangelización y la celebración, lejos de oponerse entre sí o disociarse, se complementan necesariamente, puesto que sólo evangeliza la Iglesia en cuanto es sacramentó —signo en medio de los hombres— y sólo es sacramento en cuanto es visibilidad para los hombres del Evangelio, esto es, de Jesucristo.

Con la seguridad, por tanto, de que la pastoral diocesana de Barcelona ha de verse potenciada con esta decisión y de que el esfuerzo de toda la comunidad cristiana —pastores y fieles— la hará fructificar, en uso de nuestras facultades determinamos lo siguiente:

1.° Se constituye la Delegación Diocesana de Pastoral Sacramental y Liturgia. Su misión será la de atender a la pastoral de la Eucaristía y de los otros sacramentos, a las celebraciones litúrgicas en general (Cfr. Sacrosanc. Conc., n. 45, Instrucc. Inter Oecumenici, n. 47), y, con su aportación activa, asegurar la dimensión sacramental de toda la pastoral.

2 .° La Delegación trabajará en contacto con los problemas e iniciativas que surjan en las comunidades o en las instituciones diocesanas, velando por la celebración, la pastoral y el sentido mismo de los sacramentos y la vida litúrgica y por la fe que en ellos se expresa. Fomentará especialmente el diálogo y la reflexión a fin de encauzar los problemas, potenciar las experiencias positivas y renovar el sentido misionero de la pastoral sacramental.

3 .° Esta Delegación estará presidida por el Delegado episcopal, y la formarán un grupo de presbíteros. Según las necesidades y experiencia, siempre que resulte necesario, se podrá ampliar el número de miembros, nombrar expertos (clérigos o laicos), crear comisiones de trabajo o de estudio, etcétera.

4 .° El Delegado episcopal actuará con potestad delegada y bajo la autoridad episcopal al servicio de los pastores y comunidades de toda la diócesis. En el ámbito de la respectiva competencia asegurará también la conexión de la diócesis con los niveles supradiocesanos.

5 .° Dada la interconexión de los objetivos de esta Delegación con la Delegación Diocesana de Catequesis y Enseñanza, será necesario que los dos organismos trabajen en estrecha conexión y colaboración, mediante reuniones periódicas, comisiones mixtas permanentes o transitorias, estudio conjunto de algunos asuntos, etcétera. Todo ello deberá realizarse en unidad orgánica con toda la pastoral diocesana.

6 .° Tanto el Delegado episcopal como los miembros de su Consejo, o de las Comisiones que puedan ser creadas, cesarán en el cargo una vez transcurridos los tres años de su nombramiento.

Barcelona, 26 de julio de 1973.

+ Narciso JUBANY, Cardenal-Arzobispo de Barcelona

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