La Fundación La Viña de acción social trabaja para atender las personas en situación de riesgo social de los barrios de Bellvitge y el Gornal, del Hospitalet de Llobregat. Uno de sus proyectos es “Puertas Abiertas”, con 12 voluntarios que hacen visitas a unos 50 vecinos y vecinas de estos barrios que se encuentran en los centros penitenciarios. Quim Cervera es voluntario de este proyecto.
¿Por qué sintió la necesidad de acompañar a presos?
Desde la parroquia de Santa Maria del Gornal, con la religiosa del Coro de Maria y trabajadora social Francesca Oller, sentimos la necesidad de conectar con personas del barrio que estaban en centros penitenciarios. Habían tocado fondo, estaban muy invisibilizados y malvistos, y era bueno tratarlos con dignidad. Seguimos, como testigos, el llamamiento evangélico de visitar los presos, que son voz de Dios.
¿Qué aportáis a la persona privada de libertad?
Sobre todo la escuchamos, le hacemos compañía. Solo con la visita misma, a través de la conversación, de un pequeño gesto, de una sonrisa, de un abrazo… ya es hacerles llegar vida; un poco de luz, de esperanza; una brizna de la libertad que anhelan, y conectarlos con el mundo.
¿Qué ha aprendido haciendo este voluntariado?
He aprendido a escuchar y a hablar poco; a ser más humilde y a hacerme preguntas sobre el dolor de las personas, del mundo… Me he sentido solidario, próximo, en el sufrimiento vivido, sufrido. El voluntariado me ha encaminado a conocer el fondo del fondo de las personas y de la sociedad; a conocer las contradicciones profundas y las injusticias de nuestra sociedad, que producen dolor y víctimas. Todo ello me hace sentir vivo, y espero y deseo aportar algunas chispas de luz, de compañía y de vida a los que visito y procuro escuchar.
Entrevista realizada por Òscar Bardají para el Full Dominical del 19 de abril