Entre los días 21 y 23 de febrero, se celebró en Roma el Jubileo de los Diáconos, en el que participaron cuatro mil diáconos permanentes, junto con sus esposas, procedentes de un centenar de países del mundo. Entre los peregrinos, había un grupo de treinta procedentes del Arzobispado de Barcelona, once de los cuales eran diáconos, que estuvieron presentes acompañados por Mons. Javier Vilanova, obispo auxiliar de Barcelona.
El viernes 21 de febrero por la tarde, participaron en una catequesis sobre el tema «Signos concretos de esperanza en el ministerio diaconal», que tuvo lugar simultáneamente en doce iglesias. A la mañana siguiente, peregrinaron a las puertas santas de las basílicas de San Juan de Letrán y Santa María la Mayor, en unos momentos intensos de oración y espiritualidad. Por la tarde, realizaron la peregrinación a la puerta Santa de la basílica de San Pedro y visitaron las tumbas de los papas. Finalmente, participaron en la vigilia de oración que tuvo lugar en el aula Pablo VI, presidida por el cardenal Lazzaro You, en la que varios diáconos dieron su testimonio de vida y ministerio, destacando la dimensión de servicio desinteresado del ministerio diaconal.
El acto central del Jubileo fue la misa del domingo, a las 9 de la mañana, en la basílica de San Pedro. Debido a su estado de salud, el Papa no pudo presidirla y delegó en Mons. Rino Fisichella, prefecto del Dicasterio para la Evangelización, quien afirmó que «sentimos al papa Francisco, aunque en la cama del hospital, muy cercano y presente entre nosotros». Durante la celebración eucarística, fueron ordenados veintitrés diáconos. En la homilía preparada por el Papa, se destacaron tres elementos fundamentales en la vida de los diáconos: la misericordia y el perdón, el servicio desinteresado y la comunión eclesial. La peregrinación concluyó el domingo por la tarde en la puerta santa de la basílica de San Pablo Extramuros.
La experiencia ha sido todo un éxito, ya que ha quedado patente que el ministerio del diaconado está vivo en todo el mundo y es esencial y fundamental para la vida y la misión de la Iglesia. Los diáconos se convierten en custodios del servicio a la Palabra, a los pobres y al altar.