Coincidiendo con la solemnidad de la Ascensión del Señor, la Iglesia de Barcelona celebró este domingo la ordenación de tres nuevos diáconos permanentes: Miquel Lluís Borràs i Font, Luvin Fernández Urdaneta y José María Viaño García. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de Barcelona y fue presidida por el arzobispo, el cardenal Juan José Omella, con la concelebración del obispo auxiliar Mons. Javier Vilanova i Pellisa.
Durante la homilía, el cardenal Omella destacó el profundo significado del ministerio diaconal, especialmente en el contexto de la fiesta litúrgica que se celebraba. «En el momento de la Ascensión, Jesús confía a sus discípulos una misión: anunciar el Evangelio, servir con amor y ser testigos de su presencia. Y este es precisamente el núcleo del ministerio diaconal», afirmó. El cardenal subrayó también que los diáconos son servidores de la Iglesia en comunión con el obispo, al servicio de la Palabra, la liturgia y la caridad.
Con referencias al ejemplo de Jesús en la Última Cena, al diácono san Lorenzo y a la Virgen María, el cardenal delineó la misión que ahora inician los nuevos diáconos: el anuncio del Evangelio, el servicio litúrgico y pastoral, y el ejercicio concreto de la caridad, especialmente hacia los más pobres. «Recordad siempre que los pobres son nuestro tesoro», exclamó, citando las palabras del patrón de los diáconos.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando se dirigió a las esposas de los ordenandos, reconociendo su papel clave en esta vocación. «Este “sí” que habéis dado no es solo un trámite formal, sino un signo de comunión y una gracia para vuestro matrimonio», dijo, destacando cómo la ordenación enriquece también la vida familiar y eclesial.
Promesas y rito de ordenación
Tras la homilía, se dio paso a los ritos propios de la ordenación. En primer lugar, los tres candidatos hicieron la promesa de ejercer fielmente el ministerio diaconal y, a continuación, expresaron su obediencia y respeto al obispo y a sus sucesores, en un momento de gran solemnidad ante toda la asamblea.
Seguidamente, los candidatos se postraron en tierra en señal de humildad y entrega, mientras la comunidad rezaba cantando las Letanías de los Santos, invocando la intercesión de toda la Iglesia celestial para los nuevos ministros.
El momento culminante llegó con la imposición de manos del cardenal Omella y la Plegaria de Ordenación, gestos con los que recibieron el don del Espíritu Santo y fueron constituidos diáconos permanentes de la Iglesia.
Ya ordenados, Miquel Lluís, Luvin y José María fueron revestidos con la estola en forma diaconal y la dalmática, y recibieron de manos del cardenal el libro de los Evangelios, símbolo de su misión de anunciar la Palabra. Finalmente, recibieron el abrazo de paz de los demás diáconos presentes, como signo de acogida fraterna en este nuevo ministerio. La asamblea, emocionada, les dedicó un largo aplauso.
Ya incorporados al ministerio, los nuevos diáconos asistieron al altar durante la celebración eucarística y participaron en la distribución de la comunión a los fieles, manifestando así su nuevo servicio litúrgico.